“No hay peor ciego que el que no quiere ver”

Días atrás en estas mismas columnas, en un editorial que titulamos “Tomando sopa con el tenedor”, apuntábamos algunos aspectos del sistema educativo uruguayo que es necesario revisar y probablemente corregir. Sosteníamos que uno de los aspectos a revisar en el sistema educativo uruguayo es precisamente la repetición, denominada en algunos texto oficiales con el eufemismo de “no aprobación”.
Dentro de ese mismo concepto se procuran explicaciones para este fracaso estudiantil, señalando que se debe a la mayor incorporación de adolescentes que provienen de las clases económicamente más desposeídas y que no por capacidad, sino por las condiciones de su entorno socioeconómico encuentran mayores dificultades para el rendimiento escolar.
Esto que se utiliza como una excusa,  para justificar el alto índice de repetición, en realidad debería de ser una alerta.
Unicef Uruguay efectuó un estudio sobre la educación media local comparada con la de otros países, al que hacíamos referencia días atrás. Los encargados del informe, Gustavo De Armas y Adriana Aristimuño, pusieron énfasis en la alta tasa de repetición que existe en el país.
De un estudio que comparó datos de 150 países, Uruguay es uno de los diez con mayor tasa de repetición en todos los ciclos educativos (19% en promedio).
De Armas dijo que “la repetición es un instrumento muy utilizado en comparación con otros países del mundo”. El documento señaló que en 37 países – la mayoría de Europa o América del Norte- la repetición es nula o insignificante. En otros 60 el indicador oscila entre el 1% y el 5%. Países como Noruega, Suecia, Finlandia o China, que estuvieron a la cabeza de los resultados en las Pruebas PISA 2009, tienen repetición nula o cercana al 1%.
Sin pronunciarnos sobre la calidad de educación, sí sostuvimos y lo seguimos haciendo, que la repetición es altamente ineficiente al menos, cuando no nociva, si se la toma como un instrumento para “reforzar” el aprendizaje del estudiante.
La experiencia indica que sólo un ínfimo porcentaje de los repetidores “reengancha” luego en el camino del estudio, debido a que generalmente se le hace demasiado pesado sobrellevar la estigmatización del “grandote repetidor”.
Lamentablemente los resultados conocidos al final del presente año indican que los índices de repetición en primer año de Secundaria siguen creciendo y en consecuencia aportando mayor número de jóvenes frustrados, a los que en alguna medida se ha dado en denominar los “ni-ni” (ni estudia, ni trabaja).
Lejos de contentarnos con calificarlos y hallarles una denominación, el sistema educativo debería entender que tiene en este aspecto un desafío de emergencia, porque “no hay peor ciego que el que no quiere ver…”.

Días atrás en estas mismas columnas, en un editorial que titulamos “Tomando sopa con el tenedor”, apuntábamos algunos aspectos del sistema educativo uruguayo que es necesario revisar y probablemente corregir. Sosteníamos que uno de los aspectos a revisar en el sistema educativo uruguayo es precisamente la repetición, denominada en algunos texto oficiales con el eufemismo de “no aprobación”.

Dentro de ese mismo concepto se procuran explicaciones para este fracaso estudiantil, señalando que se debe a la mayor incorporación de adolescentes que provienen de las clases económicamente más desposeídas y que no por capacidad, sino por las condiciones de su entorno socioeconómico encuentran mayores dificultades para el rendimiento escolar.

Esto que se utiliza como una excusa,  para justificar el alto índice de repetición, en realidad debería de ser una alerta.

Unicef Uruguay efectuó un estudio sobre la educación media local comparada con la de otros países, al que hacíamos referencia días atrás. Los encargados del informe, Gustavo De Armas y Adriana Aristimuño, pusieron énfasis en la alta tasa de repetición que existe en el país.

De un estudio que comparó datos de 150 países, Uruguay es uno de los diez con mayor tasa de repetición en todos los ciclos educativos (19% en promedio).

De Armas dijo que “la repetición es un instrumento muy utilizado en comparación con otros países del mundo”. El documento señaló que en 37 países – la mayoría de Europa o América del Norte- la repetición es nula o insignificante. En otros 60 el indicador oscila entre el 1% y el 5%. Países como Noruega, Suecia, Finlandia o China, que estuvieron a la cabeza de los resultados en las Pruebas PISA 2009, tienen repetición nula o cercana al 1%.

Sin pronunciarnos sobre la calidad de educación, sí sostuvimos y lo seguimos haciendo, que la repetición es altamente ineficiente al menos, cuando no nociva, si se la toma como un instrumento para “reforzar” el aprendizaje del estudiante.

La experiencia indica que sólo un ínfimo porcentaje de los repetidores “reengancha” luego en el camino del estudio, debido a que generalmente se le hace demasiado pesado sobrellevar la estigmatización del “grandote repetidor”.

Lamentablemente los resultados conocidos al final del presente año indican que los índices de repetición en primer año de Secundaria siguen creciendo y en consecuencia aportando mayor número de jóvenes frustrados, a los que en alguna medida se ha dado en denominar los “ni-ni” (ni estudia, ni trabaja).

Lejos de contentarnos con calificarlos y hallarles una denominación, el sistema educativo debería entender que tiene en este aspecto un desafío de emergencia, porque “no hay peor ciego que el que no quiere ver…”.







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