No hay peor ley que la que se puede violar impunemente

Absolutamente ineficaces es lo menos que podemos decir de algunas leyes e incluso órganos del Estado que no tienen potestad para sancionar, sino para “notificar” o advertir a los sumo de la violación de normas o leyes existentes.
La ley 17.045 (y su modificación dada por la 17.818) señala en su artículo primero: “los partidos políticos podrán iniciar su publicidad electoral en los medios de radiodifusión, televisión abierta, televisión para abonados y prensa escrita, sólo a partir de: 1) Treinta días para las elecciones internas; 2) Treinta días para las elecciones nacionales; 3) Quince días en caso de realizarse una segunda vuelta y 4) Treinta días para las elecciones departamentales”.
Queda claro el espíritu del legislador que pretendió acotar específicamente los plazos para la publicidad electoral Y hasta ahí está todo claro. Pero agrega: “entiéndese por publicidad electoral aquella que se realiza a través de piezas elaboradas especializadamente, con criterios profesionales y comerciales. Quedan excluidas de esta definición -y, por lo tanto, de las limitaciones establecidas en el artículo precedente- la difusión de información sobre actos políticos y actividades habituales del funcionamiento de los partidos, así como la realización de entrevistas periodísticas”.
Este es precisamente el escape que encuentran los que violan estas disposiciones para hacer caso omiso de las mismas.
Nadie ignora que varios meses antes de las elecciones internas tenemos publicidad de varios partidos. Incluso han habido denuncias a nivel parlamentario y ante la Corte Electoral, las que se agotan en las notificaciones o las advertencias, pero no se llega a ninguna sanción, debido a que la reglamentación respectiva no establece esta competencia.
En otros casos (Tribunal de Cuentas), la potestad del mismo es sólo de advertir a quienes violan las disposiciones, o quienes planean violarlas, pero basta conque el violador “reitere el gasto” para que el mismo pueda hacerse.
En otros términos es ridículo, tener leyes que se pueden violar o incumplir sin que “pase nada” es un absurdo. No hay peor ley que aquella que se puede violar impunemente. En estos casos el legislador ha perdido el tiempo y mucho nos tememos que ha dejado la puerta abierta (forma de violarla sin sanción), precisamente porque no pretendía que se cumpliera.
Es hora de asumir lo hechos, o eliminamos la ley o establecemos sanciones concretas, porque en caso contrario es el colmo de la hipocrecía.
A.R.D.