No les dejemos la puerta abierta

La inseguridad tiene varios componentes, pero comienza por la impunidad con que se mueven algunos delincuentes, generalmente autores de raterías o hechos de menor significación, cuando sus víctimas deciden no denunciar, decepcionados por los resultados obtenidos cuando lo hacen.
Esto es un error, porque más allá de los resultados, deberíamos de hacerlo siempre, porque si no les estamos dando carta blanca a estos delincuentes que sienten que “no pasa nada”. Es la mejor forma de decirles que a esas personas les pueden robar tranquilos, porque no se van a molestar en hacer denuncia alguna.
Otro error garrafal, que además es un delito, es comprar ya sea en ferias o a particulares, cosas de dudosa procedencia, que tienen un 99 por ciento de posibilidad de ser robadas.
En caso de que la Justicia compruebe que el comprador conocía su procedencia o compró a un precio irrisorio, presuntamente sospechando su dudoso origen, hay una alta probabilidad de que el comprador resulte procesado por receptación.
Mal que nos pese, la seguridad es tema de todos y cuando no se denuncian los hechos seguramente estamos favoreciendo el delito. En cambio cuando las denuncias se van acumulando en una zona, facilita la vigilancia e incluso permite que la población tenga idea de qué zonas debe evitar o transitar con mayores cuidados.
Cuando alguien comenta que ha sido víctima de un robo o hecho similar, generalmente en el mismo círculo de personas donde se mueve aparecen otros casos y obviamente que juntos pueden lograrse mejores resultados, porque se van dando hechos “casuales” que coinciden en los días previos a esos robos y permiten tener idea de quiénes pueden estar involucrados en los mismos.
La cortada de pasto, las podas, las limpiezas y similares, que ingenuamente estamos todavía muchos proclives a contratar por parte de extraños, suelen estar en el origen de estos hechos…
En ocasión de las fiestas tradicionales hay por lo general un recrudecimiento de los robos y raterías, porque las familias suelen reunirse, dejando en contrapartida algunos domicilios sin habitantes.
Aún cuando se trate de delitos menores, hay que tener en cuenta que esto abona el camino para hechos más graves, de los que felizmente suceden muy pocos hasta el momento y en forma esporádica en el departamento, pero seremos víctimas fáciles si no advertimos el riesgo a tiempo.

La inseguridad tiene varios componentes, pero comienza por la impunidad con que se mueven algunos delincuentes, generalmente autores de raterías o hechos de menor significación, cuando sus víctimas deciden no denunciar, decepcionados por los resultados obtenidos cuando lo hacen.

Esto es un error, porque más allá de los resultados, deberíamos de hacerlo siempre, porque si no les estamos dando carta blanca a estos delincuentes que sienten que “no pasa nada”. Es la mejor forma de decirles que a esas personas les pueden robar tranquilos, porque no se van a molestar en hacer denuncia alguna.

Otro error garrafal, que además es un delito, es comprar ya sea en ferias o a particulares, cosas de dudosa procedencia, que tienen un 99 por ciento de posibilidad de ser robadas.

En caso de que la Justicia compruebe que el comprador conocía su procedencia o compró a un precio irrisorio, presuntamente sospechando su dudoso origen, hay una alta probabilidad de que el comprador resulte procesado por receptación.

Mal que nos pese, la seguridad es tema de todos y cuando no se denuncian los hechos seguramente estamos favoreciendo el delito. En cambio cuando las denuncias se van acumulando en una zona, facilita la vigilancia e incluso permite que la población tenga idea de qué zonas debe evitar o transitar con mayores cuidados.

Cuando alguien comenta que ha sido víctima de un robo o hecho similar, generalmente en el mismo círculo de personas donde se mueve aparecen otros casos y obviamente que juntos pueden lograrse mejores resultados, porque se van dando hechos “casuales” que coinciden en los días previos a esos robos y permiten tener idea de quiénes pueden estar involucrados en los mismos.

La cortada de pasto, las podas, las limpiezas y similares, que ingenuamente estamos todavía muchos proclives a contratar por parte de extraños, suelen estar en el origen de estos hechos…

En ocasión de las fiestas tradicionales hay por lo general un recrudecimiento de los robos y raterías, porque las familias suelen reunirse, dejando en contrapartida algunos domicilios sin habitantes.

Aún cuando se trate de delitos menores, hay que tener en cuenta que esto abona el camino para hechos más graves, de los que felizmente suceden muy pocos hasta el momento y en forma esporádica en el departamento, pero seremos víctimas fáciles si no advertimos el riesgo a tiempo.







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