No más ediles honorarios

Se trata de otra de las grandes disyuntivas que debe resolver el sistema democrático del país, pero la figura de los ediles honorarios, establecida en la Constitución de la República, en otra época, con otra problemática, ya no tiene sentido hoy.
Hasta el momento los proyectos de Reforma del Sistema Electoral le han esquivado el bulto, no sólo al tema de la cantidad y las condiciones de la labor del edil, sino también al tema absolutamente absurdo al día de hoy, de hacer elecciones municipales, independientes de las nacionales, en lugar de habilitar el voto cruzado.
El hecho de que los ediles departamentales sean honorarios ha determinado que se busquen, prácticamente en todas las juntas departamentales del país, algunas argucias para remunerarlos.
A veces con vales de nafta de valor a todas luces exagerado, en otras ocasiones con viáticos que de ninguna manera se justifican y hasta ha habido ediles procesados por este tema, debido a que han recibido pagos en situación absolutamente irregular.
Esto es lo que debe evitarse. Hoy nadie puede pretender que un edil dedique tiempo y recursos propios para cumplir debidamente una labor honoraria.
Si pretendemos exigirles una labor adecuada a la responsabilidad que han asumido, debemos asumir también que los legisladores departamentales por lo menos necesitan recursos para movilizarse y retribuir por lo menos las horas de trabajo perdidas por dedicarlas a la labor legislativa.
No se trata de un abuso, sino de una justa retribución.
El otro tema que tiene que ver también con una reforma del sistema, es el manido tema del sistema electoral, que llega casi a los dos años de duración, partiendo de las elecciones internas.
Existen dos aspectos que hoy son por lo menos discutibles. El “ballotage”, concebido para poder unificar en una segunda vuelta en sólo dos corrientes el pensamiento político del país, en su momento llamado de izquierda y derecha, ya ha quedado obsoleto y al menos parece necesitar un ajuste.
El otro aspecto es más absurdo aún. Las elecciones municipales, seis meses después de las elecciones nacionales, tratando de evitar el efecto “reflejo” de éstas, ha sido siempre absurdo.
Lo dijimos desde que se proyectó y lo seguimos sosteniendo.
Bastaría con habilitar el voto cruzado, interpartidario. Esto es, habilitar la posibilidad de que se vote a un Partido a la presidencia de la República y otro en el plano departamental – si no se prefiere el mismo – para que evitemos una elección más con todo lo que significa esta en tiempo y esfuerzo.
Es hora de pensar en el pueblo y en los costos que éste debe pagar, antes que en intereses partidarios.







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