- Diario El Pueblo - http://www.diarioelpueblo.com.uy -

No nos apresuremos a interpretar

La concurrencia de lo ciudadanos habilitados para votar en las elecciones internas del domingo último ha sido la más baja desde que existen las elecciones que obligan a los partidos políticos a realizarlas para determinar su candidato único en las nacionales.

Esta realidad tiene varias lecturas y hemos escuchados interpretaciones de todo tipo.

Desde ¿quienes fueron los que concurrieron a votar, jóvenes votantes por primera vez , ciudadanos ya maduros o incluso los veteranos de varias elecciones.

Quienes procuran explicar la magra concurrencia desde esta perspectiva tratan de “explicarla”, sosteniendo que quienes no concurrieron fueron los más jóvenes y hemos escuchado sostener que se debe a que los líderes políticos “no convocan”. Esto nos parece más una suerte de justificación, que se argumento realmente válido para no votar.

Quienes sostienen esta explicación están mirando en una sola dirección. La acusación hacia “la política”, o los políticos, expresa un llamativo facilismo. Aún cuando fuere un hecho real y concreto que los más jóvenes están desencantados de la política y por lo tanto no les interesa votar, restaría investigar las verdaderas causas del fenómeno, que no creemos que sea una sola dirección.

En un plano ideal diríamos que aún cuando circunstancialmente hubiera líderes que no convocaran, si los jóvenes tuvieran una clara conciencia ciudadana, deberían asumir su responsabilidad de concurrir a sufragar, de todas maneras, porque no se trata de votar a una persona en particular, sino a un sistema, a la democracia que nos permite elegir concretamente.

Esto sin ignorar que hay sectores de la población que no votarán así se les obligue o se les pagara para que lo hicieran. Nunca, ninguna elección en el mundo alcanzó el cien por ciento de sufragantes del colegio electoral.

Pero hay que entender también que las elecciones internas o “primarias”, como se les llama en los Estados Unidos, nunca llegan a convocar siquiera a la mitad del electorado.

De todas formas, el sistema es lo que importa y en este sentido preferimos siempre que este sea el sistema y no el anterior, en el que el o los candidatos por cada partido era “designado” entre gallos y media noche por la dirigencia, sin que los ciudadanos partidarios de cada partido pudieran pronunciar su preferencia.

Hoy, aún con todos los defectos que pudiera tener el sistema, es mejor que el que existía antes.

a concurrencia de lo ciudadanos habilitados para votar en las elecciones internas del domingo último ha sido la más baja desde que existen las elecciones que obligan a los partidos políticos a realizarlas para determinar su candidato único en las nacionales.
Esta realidad tiene varias lecturas y hemos escuchados interpretaciones de todo tipo.
Desde ¿quienes fueron los que concurrieron a votar, jóvenes votantes por primera vez , ciudadanos ya maduros o incluso los veteranos de varias elecciones.
Quienes procuran explicar la magra concurrencia desde esta perspectiva tratan de “explicarla”, sosteniendo que quienes no concurrieron fueron los más jóvenes y hemos escuchado sostener que se debe a que los líderes políticos “no convocan”. Esto nos parece más una suerte de justificación, que se argumento realmente válido para no votar.
Quienes sostienen esta explicación están mirando en una sola dirección. La acusación hacia “la política”, o los políticos, expresa un llamativo facilismo. Aún cuando fuere un hecho real y concreto que los más jóvenes están desencantados de la política y por lo tanto no les interesa votar, restaría investigar las verdaderas causas del fenómeno, que no creemos que sea una sola dirección.
En un plano ideal diríamos que aún cuando circunstancialmente hubiera líderes que no convocaran, si los jóvenes tuvieran una clara conciencia ciudadana, deberían asumir su responsabilidad de concurrir a sufragar, de todas maneras, porque no se trata de votar a una persona en particular, sino a un sistema, a la democracia que nos permite elegir concretamente.
Esto sin ignorar que hay sectores de la población que no votarán así se les obligue o se les pagara para que lo hicieran. Nunca, ninguna elección en el mundo alcanzó el cien por ciento de sufragantes del colegio electoral.
Pero hay que entender también que las elecciones internas o “primarias”, como se les llama en los Estados Unidos, nunca llegan a convocar siquiera a la mitad del electorado.
De todas formas, el sistema es lo que importa y en este sentido preferimos siempre que este sea el sistema y no el anterior, en el que el o los candidatos por cada partido era “designado” entre gallos y media noche por la dirigencia, sin que los ciudadanos partidarios de cada partido pudieran pronunciar su preferencia.
Hoy, aún con todos los defectos que pudiera tener el sistema, es mejor que el que existía antes.