No nos atrae opinar con liviandad en un tema tan profundo

Es innegable que se trata de un tema de tremenda responsabilidad social. Honestamente, la situación de Aldeas de la Bondad y en especial la de esos chicos y niños que allí se hospedan es de una tremenda responsabilidad y constituye de por sí una denuncia a toda la sociedad que generalmente se desentiende de ellos y opta por sacarlos de la vista de la comunidad, porque su presencia en lugares más vistos representa una permanente denuncia del tratamiento que les damos.
No nos sentimos capaces de dar un opinión ecuánime en este asunto, por la sencilla razón que sabemos que no tenemos la vocación de servicio, que se asemeja casi a un apostolado, que hay que tener para atender debidamente a estas personas generalmente incapaces de valerse por sí mismas, las que viven gracias a los cuidados que reciben de personas que tienen que renunciar prácticamente a todo en la vida para esar disponibles.
Es por eso que no queremos juzgar a nadie, no queremos echar culpas, ni a una ni a otra parte, por la sencilla razón que no disponemos de información seria, veraz y debidamente corroborada para expresarnos al respecto y además porque en alguna medida, como parte de esta comunidad también nos sentimos culpables.
Y no estamos eludiendo nuestra responsabilidad, sino tratando de no ser hipócritas. No es una situación que busquemos, que nos guste o hayamos elegido, sino que es de los imponderables de la vida que cuando nos toca, cada quien reacciona en forma diferente frente a ella.
No es de recibo argumentar que se trata de un tema económico, la razón del traslado de estas personas a otros lugares, sencillamente porque es el Estado quien debiera hacerse cargo, en estos casos tan especiales de proveer al menos los fondos suficientes para su cuidado y este debe ser adecuado a lo que necesitan.
Pero tampoco es de recibo opinar con liviandad, juzgar y acusar a unos y a otros, porque estamos seguros que quien o quienes lo hacen ni siquiera han movido un dedo nunca por cambiar o mejorar la situación de estas víctimas.
Y esto va para todos, porque no hay colectividad política alguna que al menos no haya mirado para otro lado, ignorando o desatendiendo el tema, porque no es agradable ni mucho menos rentable en votos, pero constituye una permanente afrenta a la justicia social que lamentablemente sólo resulta visible en esas ocasiones.
Alberto Rodríguez Díaz