No nos hagamos los distraídos

Salto es probablemente la ciudad con más alto porcentaje de motos por hogar en todo el país. De acuerdo a las cifras existen casi dos motos por hogar, aunque haya alguno que no tenga ninguna y otros donde se puedan encontrar hasta cinco.
En algunos ámbitos se usa este argumento para justificar el alto porcentaje de accidentes.
No es un argumento que compartamos, dado que la proliferación de estos vehículos no necesariamente debería al menos significar un mayor índice de accidentes, si se respetaran debidamente las normas de tránsito, por parte de todos los conductores de vehículos, pero no es así.
Este es verdaderamente a nuestro juicio, el problema mayor. Los motonetistas son las víctimas más frecuentes, y las veloces motos un vehículo de riesgo, por lo tanto es obvio que quienes se desplazan en este tipo de vehículos están más expuestos, porque es sabido que “la moto para con la cabeza…” y si ésta no está debidamente protegida, lleva las peores consecuencias.
Pero el tema de fondo no es ese, es que los jóvenes, que son en su mayoría las víctimas de los accidentes, por diferentes motivos han perdido o pierden momentáneamente su apego a la vida, casi “por diversión” o por el pseudo “placer” de experimentar lo que llaman “mas adrenalina”, no dudan en ponerse al límite entre la vida y la muerte.
Una prueba de ello son los denominados “deportes extremos”, que en buena medida se convierten en deportes suicidas. Basta con ver lo que pasó el domingo último en Buenos Aires, donde un grupo de amigos se reunió para practicar el denominado “bungee jumping”, que consiste en lanzarse al vacío atado con arneses a una cuerda elástica, desde 20 a 30 metros de altura y rebotar antes de tocar el suelo.
Cualquier tipo de imprevisto, puede resultar mortal. En esta ocasión, fue el lanzamiento simultáneo de dos jóvenes desde una grúa, que chocaron sus cabezas en el aire, muriendo ambos.
Salvando las diferencias, en las calles salteñas a diario se ven similares ejemplos de imprudencias, motos sin luces a toda velocidad, pasando las esquinas “jugados” a que no viene nadie, cuando no disputando las famosas “picadas”, acostados sobre sus motos…
Este desapego a la vida explica también como en el mundo puede haber cada vez más “comandos suicidas”, que hacen estallar explosivos adheridos a su propio cuerpo, muriendo y matando.
Pero esta locura no ha brotado de la nada. Son muchos los elementos de la vida cotidiana que están llevando a esta conducta, a esta conducta demencial y los jóvenes sólo son sus víctimas más vulnerables.
No nos hagamos los distraídos.

Salto es probablemente la ciudad con más alto porcentaje de motos por hogar en todo el país. De acuerdo a las cifras existen casi dos motos por hogar, aunque haya alguno que no tenga ninguna y otros donde se puedan encontrar hasta cinco.

En algunos ámbitos se usa este argumento para justificar el alto porcentaje de accidentes.

No es un argumento que compartamos, dado que la proliferación de estos vehículos no necesariamente debería al menos significar un mayor índice de accidentes, si se respetaran debidamente las normas de tránsito, por parte de todos los conductores de vehículos, pero no es así.

Este es verdaderamente a nuestro juicio, el problema mayor. Los motonetistas son las víctimas más frecuentes, y las veloces motos un vehículo de riesgo, por lo tanto es obvio que quienes se desplazan en este tipo de vehículos están más expuestos, porque es sabido que “la moto para con la cabeza…” y si ésta no está debidamente protegida, lleva las peores consecuencias.

Pero el tema de fondo no es ese, es que los jóvenes, que son en su mayoría las víctimas de los accidentes, por diferentes motivos han perdido o pierden momentáneamente su apego a la vida, casi “por diversión” o por el pseudo “placer” de experimentar lo que llaman “mas adrenalina”, no dudan en ponerse al límite entre la vida y la muerte.

Una prueba de ello son los denominados “deportes extremos”, que en buena medida se convierten en deportes suicidas. Basta con ver lo que pasó el domingo último en Buenos Aires, donde un grupo de amigos se reunió para practicar el denominado “bungee jumping”, que consiste en lanzarse al vacío atado con arneses a una cuerda elástica, desde 20 a 30 metros de altura y rebotar antes de tocar el suelo.

Cualquier tipo de imprevisto, puede resultar mortal. En esta ocasión, fue el lanzamiento simultáneo de dos jóvenes desde una grúa, que chocaron sus cabezas en el aire, muriendo ambos.

Salvando las diferencias, en las calles salteñas a diario se ven similares ejemplos de imprudencias, motos sin luces a toda velocidad, pasando las esquinas “jugados” a que no viene nadie, cuando no disputando las famosas “picadas”, acostados sobre sus motos…

Este desapego a la vida explica también como en el mundo puede haber cada vez más “comandos suicidas”, que hacen estallar explosivos adheridos a su propio cuerpo, muriendo y matando.

Pero esta locura no ha brotado de la nada. Son muchos los elementos de la vida cotidiana que están llevando a esta conducta, a esta conducta demencial y los jóvenes sólo son sus víctimas más vulnerables.

No nos hagamos los distraídos.