No nos hagamos los distraídos

ablábamos ayer en estas columnas de la desidia, como una de las formas de dejar pasar las cosas, de mirar para otro lado y de hacernos los distraídos.
Nos atrevemos a decir que en esta actitud  estamos la mayoría de los salteños y para muestra basta un botón.  Sólo en referencia al contrabando la actitud de quienes vivimos en Salto es muestra cabal de lo que decimos.
La enorme mayoría, para ser más precisos todos –salvo excepciones muy puntuales – estamos de alguna manera involucrados en el denominado “comercio informal”, eufemismo que ya adelanta la situación.
Lo vemos a diario en el aspecto comercial, sobre todo a aquellos comercios que intentan tener todo legal, no involucrarse con el contrabando de manera alguna, le es imposible resistir la competencia de quienes sí están involucrados y se desempeñan en ese “limbo” de la informalidad.
Y dentro de la informalidad hoy tenemos la que busquemos. Nada más irregular e ilegal que la venta de combustible en los barrios, actividad que está específicamente regulada y cuyo monopolio absoluto en el contralor lo tiene ANCAP, lo que no quiere decir que lo cumpla.
Pero no nos hagamos trampas, si no miráramos para otro lado descubriríamos que la nafta uruguaya llega a los barrios porque alguna estación uruguaya se la vende a precio de frontera y sabiendo bien que destino tiene…
Quien tiene algún vehículo, cada vez que la situación comercial “sirve”, se traslada a Concordia para gastar allí en compras al contado todo lo que puede, aunque también sigue habiendo gente que se dedica al trasiego de combustible.
Pero esta es una de las formas más insignificantes, el denominado contrabando hormiga que en realidad se usa por parte de todas las autoridades para disimular o hacer “ruido” y despistar el gran contrabando.
En este rubro incluimos, no sólo lo que ingresa desde Paraguay, sino desde los países limítrofes, ropa, electrodomésticos, celulares, todos los aparatos electrónicos, entre otras cosas.
Pero lo más nefasto en esta cadena es que detrás de toda esta permeabilidad de los controles, que provoca este concepto, se mete la droga. Lo saben las autoridades que así lo han indicado más de una vez, lo sabemos todos, porque involucrados en esta irregularidad nos acostumbramos a mirar para otro lado “no es problema mío”.
Esta es la realidad que todos conocemos y de la que algunos intentan renegar o tomar distancia  sintiéndose “inmaculados”. No nos equivoquemos, lo sabemos todos y también sabemos que el contrabando lejos de favorecernos termina por perjudicarnos a la población y al país todo.
Si algún día pretendiéramos escapar progresivamente de esta situación, debemos comenzar por cortar el chorro, comenzando obviamente por lo más grande y haciéndolo “en serio”.
Alberto Rodríguez Díaz
Hablábamos ayer en estas columnas de la desidia, como una de las formas de dejar pasar las cosas, de mirar para otro lado y de hacernos los distraídos.
Nos atrevemos a decir que en esta actitud  estamos la mayoría de los salteños y para muestra basta un botón.  Sólo en referencia al contrabando la actitud de quienes vivimos en Salto es muestra cabal de lo que decimos.
La enorme mayoría, para ser más precisos todos –salvo excepciones muy puntuales – estamos de alguna manera involucrados en el denominado “comercio informal”, eufemismo que ya adelanta la situación.
Lo vemos a diario en el aspecto comercial, sobre todo a aquellos comercios que intentan tener todo legal, no involucrarse con el contrabando de manera alguna, le es imposible resistir la competencia de quienes sí están involucrados y se desempeñan en ese “limbo” de la informalidad.
Y dentro de la informalidad hoy tenemos la que busquemos. Nada más irregular e ilegal que la venta de combustible en los barrios, actividad que está específicamente regulada y cuyo monopolio absoluto en el contralor lo tiene ANCAP, lo que no quiere decir que lo cumpla.
Pero no nos hagamos trampas, si no miráramos para otro lado descubriríamos que la nafta uruguaya llega a los barrios porque alguna estación uruguaya se la vende a precio de frontera y sabiendo bien que destino tiene…
Quien tiene algún vehículo, cada vez que la situación comercial “sirve”, se traslada a Concordia para gastar allí en compras al contado todo lo que puede, aunque también sigue habiendo gente que se dedica al trasiego de combustible.
Pero esta es una de las formas más insignificantes, el denominado contrabando hormiga que en realidad se usa por parte de todas las autoridades para disimular o hacer “ruido” y despistar el gran contrabando.
En este rubro incluimos, no sólo lo que ingresa desde Paraguay, sino desde los países limítrofes, ropa, electrodomésticos, celulares, todos los aparatos electrónicos, entre otras cosas.
Pero lo más nefasto en esta cadena es que detrás de toda esta permeabilidad de los controles, que provoca este concepto, se mete la droga. Lo saben las autoridades que así lo han indicado más de una vez, lo sabemos todos, porque involucrados en esta irregularidad nos acostumbramos a mirar para otro lado “no es problema mío”.
Esta es la realidad que todos conocemos y de la que algunos intentan renegar o tomar distancia  sintiéndose “inmaculados”. No nos equivoquemos, lo sabemos todos y también sabemos que el contrabando lejos de favorecernos termina por perjudicarnos a la población y al país todo.
Si algún día pretendiéramos escapar progresivamente de esta situación, debemos comenzar por cortar el chorro, comenzando obviamente por lo más grande y haciéndolo “en serio”.
Alberto Rodríguez Díaz