No nos quedemos con el ruido

Lo sucedido en el asentamiento Andresito II, no está dentro de los hechos habituales, ni siquiera en los ambientes menos recomendables de la ciudad. Convengamos que su o sus autores deben ser ubicados y sometidos a la Justicia como corresponde, ante tamaña crueldad.
Pero más allá de esto, creemos que hay mucho más para aclarar y para poner en la balanza sobre esta situación.
Existen muchas interrogantes, y muchos aspectos a aclarar en una sociedad donde generalmente los hechos más sórdidos, si no tienen “prensa”, si no hacen “ruido” y trascienden, pasan desapercibidos y sus víctimas resultan totalmente desprotegidas.
En el caso concreto de este niño, de seis años nos preguntamos: ¿no iba a la escuela?. ¿Concurría normalmente?. ¿Si no lo hacía, qué hizo su maestra o la directora para averiguar por qué no lo hacía?. ¿No tiene la Escuela Maestros comunitarios?
¿El niño manifestaba una conducta normal para su edad?. ¿No fue al CAIF, antes?, nadie a su alrededor notaba nada. Existen instituciones del Estado que se supone velan por las condiciones en que se hallan niños y adolescentes, ¿Cuál era la situación familiar en este caso?
Este hecho es tremendo y deseamos de todo corazón que el niño se restablezca y pueda superar la tortura a la que ha sido sometido, pero seguramente le será difícil recuperarse sicológicamente.
Ahora bien ¿no existe un tema de corresponsabilidad en este sentido?.
Por que en una comunidad supuestamente controlado y con planes sociales que algunos incluso cuestionan porque entienden demasiados exagerados, se pueden registrar estas situaciones sin que nadie las note previamente, ¿o es una manifestación más del desinterés que tenemos por los demás?
Esto es un indicio más de una sociedad enferma, que acostumbra a mirar para otro lado, perdón, acostumbramos, para no complicarnos. ¿O no sabemos que la mayoría de los casos de violencia doméstica se registran dentro del hogar?.
¿Qué hacemos para proteger a los integrantes más vulnerables de nuestra sociedad?.
¿Estamos bien? La sola sospecha de que pudieran ocurrir casos parecidos deberían de mover todo un andamiaje de investigación.
Si nos quedáramos con la parte más ruidosa no estaremos atendiendo debidamente el verdadero problema social que permanentemente ignoramos o miramos hacia otro lado.

Lo sucedido en el asentamiento Andresito II, no está dentro de los hechos habituales, ni siquiera en los ambientes menos recomendables de la ciudad. Convengamos que su o sus autores deben ser ubicados y sometidos a la Justicia como corresponde, ante tamaña crueldad.

Pero más allá de esto, creemos que hay mucho más para aclarar y para poner en la balanza sobre esta situación.

Existen muchas interrogantes, y muchos aspectos a aclarar en una sociedad donde generalmente los hechos más sórdidos, si no tienen “prensa”, si no hacen “ruido” y trascienden, pasan desapercibidos y sus víctimas resultan totalmente desprotegidas.

En el caso concreto de este niño, de seis años nos preguntamos: ¿no iba a la escuela?. ¿Concurría normalmente?. ¿Si no lo hacía, qué hizo su maestra o la directora para averiguar por qué no lo hacía?. ¿No tiene la Escuela Maestros comunitarios?

¿El niño manifestaba una conducta normal para su edad?. ¿No fue al CAIF, antes?, nadie a su alrededor notaba nada. Existen instituciones del Estado que se supone velan por las condiciones en que se hallan niños y adolescentes, ¿Cuál era la situación familiar en este caso?

Este hecho es tremendo y deseamos de todo corazón que el niño se restablezca y pueda superar la tortura a la que ha sido sometido, pero seguramente le será difícil recuperarse sicológicamente.

Ahora bien ¿no existe un tema de corresponsabilidad en este sentido?.

Por que en una comunidad supuestamente controlado y con planes sociales que algunos incluso cuestionan porque entienden demasiados exagerados, se pueden registrar estas situaciones sin que nadie las note previamente, ¿o es una manifestación más del desinterés que tenemos por los demás?

Esto es un indicio más de una sociedad enferma, que acostumbra a mirar para otro lado, perdón, acostumbramos, para no complicarnos. ¿O no sabemos que la mayoría de los casos de violencia doméstica se registran dentro del hogar?.

¿Qué hacemos para proteger a los integrantes más vulnerables de nuestra sociedad?.

¿Estamos bien? La sola sospecha de que pudieran ocurrir casos parecidos deberían de mover todo un andamiaje de investigación.

Si nos quedáramos con la parte más ruidosa no estaremos atendiendo debidamente el verdadero problema social que permanentemente ignoramos o miramos hacia otro lado.







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