No olvidemos que el enemigo está al acecho

El Ministro de Salud Pública realizó días atrás una recorrida por las zonas del país consideradas de mayor riesgo de ingreso del Dengue. Entre estos puntos se incluye Salto.
La situación que vive la ciudad y la zona toda en relación al riesgo de llegada de esta enfermedad permanece latente y seguramente en algún momento habrá de llegar, porque es difícil hallar un solo  lugar donde haya proliferado el mosquito vector de la plaga, sin que hasta en algún momento haya aparecido.
Pero los salteños hemos bajado la guardia. Quizás el hecho de que hayan pasado alrededor 30 años desde la aparición de los primeros Aedes Aegypti, hasta hoy, sin que – felizmente-  aparezca un solo caso de la plaga, llevó a que en buena medida nos hayamos desentendido de tomar las medidas de precaución que corresponde tomar y de asumir el compromiso que la responsabilidad ciudadana impone.
La descacharrización (eliminación de todos los “cacharros”), comenzando por los neumáticos, nunca ha sido totalmente cumplida en nuestra ciudad. Es más: aquí como en cualquier parte del mundo, los neumáticos en desuso no tienen un destino exigido y acorde a la necesidad de evitar que dañen el ambiente. En el caso aludido, hasta  sirven para alojar enemigos de la salud humana.
Estamos seguros que si hoy hiciéramos un sondeo de opinión entre los salteños y los pobladores de la ciudad en general, el riesgo de contraer Dengue es visto como una posibilidad muy remota, teniendo en cuenta que no han existido casos de Dengue autóctono, esto es contraído en el país, y además el mosquito está presente hace mucho tiempo aquí, sin que por esto haya aparecido la enfermedad.
De todas formas,  la actitud de desidia que puede notarse hoy  es totalmente contraproducente. Significa que si apareciera la plaga hallaría campo fértil para su rápida expansión.
Por el contrario, si se lograra sumar esfuerzos, si nos comprometiéramos a obrar como si el riesgo fuera inminente, es probable que la enfermedad nunca llegue o si lo hace encuentre aquí condiciones poco propicias para expandirse.
Esta es la actitud que deberíamos asumir para salvaguardar la salud de todos y evitar riesgos innecesarios y por lo momento vemos muy lejana la posibilidad de que así se haga.

El Ministro de Salud Pública realizó días atrás una recorrida por las zonas del país consideradas de mayor riesgo de ingreso del Dengue. Entre estos puntos se incluye Salto.

La situación que vive la ciudad y la zona toda en relación al riesgo de llegada de esta enfermedad permanece latente y seguramente en algún momento habrá de llegar, porque es difícil hallar un solo  lugar donde haya proliferado el mosquito vector de la plaga, sin que hasta en algún momento haya aparecido.

Pero los salteños hemos bajado la guardia. Quizás el hecho de que hayan pasado alrededor 30 años desde la aparición de los primeros Aedes Aegypti, hasta hoy, sin que – felizmente-  aparezca un solo caso de la plaga, llevó a que en buena medida nos hayamos desentendido de tomar las medidas de precaución que corresponde tomar y de asumir el compromiso que la responsabilidad ciudadana impone.

La descacharrización (eliminación de todos los “cacharros”), comenzando por los neumáticos, nunca ha sido totalmente cumplida en nuestra ciudad. Es más: aquí como en cualquier parte del mundo, los neumáticos en desuso no tienen un destino exigido y acorde a la necesidad de evitar que dañen el ambiente. En el caso aludido, hasta  sirven para alojar enemigos de la salud humana.

Estamos seguros que si hoy hiciéramos un sondeo de opinión entre los salteños y los pobladores de la ciudad en general, el riesgo de contraer Dengue es visto como una posibilidad muy remota, teniendo en cuenta que no han existido casos de Dengue autóctono, esto es contraído en el país, y además el mosquito está presente hace mucho tiempo aquí, sin que por esto haya aparecido la enfermedad.

De todas formas,  la actitud de desidia que puede notarse hoy  es totalmente contraproducente. Significa que si apareciera la plaga hallaría campo fértil para su rápida expansión.

Por el contrario, si se lograra sumar esfuerzos, si nos comprometiéramos a obrar como si el riesgo fuera inminente, es probable que la enfermedad nunca llegue o si lo hace encuentre aquí condiciones poco propicias para expandirse.

Esta es la actitud que deberíamos asumir para salvaguardar la salud de todos y evitar riesgos innecesarios y por lo momento vemos muy lejana la posibilidad de que así se haga.