No por el pasado, sino por el futuro

Aquellos de no vivamos con “los ojos en la nuca”, recriminando a quienes nos atrevemos a sostener que la historia enseña mucho más que cualquier libro, según desde donde se lo mire, según quien lo diga y qué intereses pueda esconder, es un mito, una falacia muy peligrosa. Es que precisamente uno de los mayores errores que podemos cometer es olvidarnos del pasado o minimizar los hechos, debido a que cuando pasa el tiempo, como la arena, lo va cubriendo todo y todo se hace más difuso, más desdibujado.
Cuando escuchamos a jóvenes de las nuevas generaciones, es decir de más de 30 años que hablan como si el Uruguay no hubiera vivido una dictadura. Si esta no hubiera cometido los atropellos que cometen todas. Como que los veteranos que vivimos aquellos años, deliráramos o estuviéramos inventando, entonces no gana una angustia ¿repetirán los mismos errores que cometimos nosotros por desconocer o minimizar hechos históricos?
“Ya fue” hemos oído sostener frecuentemente acusándonos de vivir “con los ojos en la nuca”, de aferrarnos al pasado y creer que hoy es lo mismo.
Es un error que conocemos, porque lo cometimos también, con la diferencia que nosotros lo pagamos y vaya a que precio.
La angustia nos viene porque vemos que se van dando pasos hacia el mismo destino. En la región va ganando espacio la certeza de que quedamos pocos, convencidos y capaces de analizar detenidamente los intereses que se esconden en cada ocasión.
Es que existe una máxima: quien tiene intenciones aviesas, quien no abriga transparencia en sus acciones, procura ocultarlas.
Ha sucedido así eternamente y cuando las verdaderas intenciones trascienden ya es muy tarde para corregirlas. Nuestra rica historia está plagada hechos como el relatado. Los sufrieron primero los indígenas de estas tierras a quienes les fue arrebatada y luego los exterminaron en hechos que ya no resisten siquiera la mínima discusión.
Que quede claro entonces, lo más preocupante no es la falta de verdad y justicia que sufrimos en aquellos años.
Lo que verdaderamente está en juego no es el pasado, sino el futuro, el que se juega hoy, se define más allá de cualquier superficialidad, porque ignorar el pasado es arriesgarse a cometer los mismos errores que se cometieron antes.
No olvidemos que desde que sabemos, el mayor riesgo que corrimos y el mayor error que cometimos, ha sido el mismo: la ingenuidad.
A.R.D.