No reprimir la violencia con violencia


Desde diferentes ángulos de la sociedad se está hablando en estos momentos sobre la conveniencia o no de bajar la edad para imputar a los menores de edad de los delitos (hoy faltas asimilables a delitos), que cometen los menores. Otro de los aspectos en “conversación” es el hecho de que los “antecedentes” por hechos de gravedad vuelvan a constar como antecedentes de la persona cuando cumple 18 años de edad.

Es sabido que hoy la ley establece que los menores de edad sólo tienen “anotaciones” que no pueden registrarse como antecedentes penales.

Existen fuertes argumentos a favor y no menos fuertes argumentos en contra de esta posición.

La cuestión, es -como lo hemos repetido hasta al cansancio en estas columnas – de no creer que la violencia que existe hoy en el seno de la sociedad se arregla con sanciones duras “ejemplarizantes”, porque la historia demuestra que no es así.

Menos aún se arregla con más violencia, sea del tipo que sea.

No ocultamos que entendemos que en muchos casos hay menores de edad que se amparan en su Cédula de Identidad para cometer cualquier tropelía, pero no podemos caer en la injusta generalización del tema.

El tema es que las leyes no se pueden ni se deben hacer “para algunos”, pero sí se pueden instrumentar de tal forma de evitar las situaciones de injusticia, porque no se puede correr el riesgo de generalizaciones que consideren a todos los menores de la misma forma.

Esto es  que aquel que pudiera cometer una falta menor o tener una conducta no adecuada, sin llegar a constituir delitos de sangre, fuera considerado de la misma manera que aquellos que son capaces de herir y matar.

Por estos días se lleva adelante una fuerte movida en todo el país tratando de impedir la violencia contra la mujer, víctima más frecuente de la violencia doméstica.

Pero no por ser la más frecuente, es la única. También los menores de edad y los ancianos son a menudo víctimas de la insanía de sujetos violentos que pretenden arreglarlo todo a los golpes.

Hay que entender que el camino para bajar la violencia de la sociedad, para caminar hacia una comunidad que proteja más y mejor a sus seres más vulnerables o más sensibles, como pueden ser niños, ancianos y mujeres, hay que apostar a la educación, antes que a la represión.

Bienvenida toda la lucha de los pacifistas, de la gente que se compromete con estas acciones que tratan de alertarnos de esta situación, pero tengamos presente que la gran lucha en definitiva comienza en la escuela o aún en el Jardín y es desde allí que se podrán cambiar las cosas algún día.







Recepción de Avisos Clasificados