Uno de los puntos esenciales del periodismo es tener clara la diferencia entre una información, veraz, precisa, con fuentes debidamente confirmadas (aún cuando no se publiquen, porque el medio asume la responsabilidad) y un rumor, que nadie es capaz de confirmar, de responsabilizarse de él y que por lo tanto –al menos para nosotros – nunca será información.
Mucha gente se deja llevar por la confusión y aquello de que una mentira repetido reiteradamente “pasa a ser verdad”, que algunos sostienen, también incide.
Hablemos claro.
Por estos días circula en el ambiente salteño un rumor bastardo, referido a una figura política local, que ha sido tomado y difundido de diversas maneras. Existen páginas de Facebook, en el que se dan “pelos y señales” de este rumor.
A la madre del supuesto involucrado se le ha llamado en reiteradas oportunidades.
Sabe como se llama esto: ¡canallada!.
Sabe que al repetir un rumor que algunos afirman que es verdad, y con el sólo hecho de dejar dudas sobre si será o nó, nos estamos prestando a este juego sucio y bajo propio de gente que es capaz de cualquier acción para enlodar a alguien?.
Lo que más nos entristece de todo esto, es notar que hay gente en los medios de comunicación, habituados al “manejo” (en el buen sentido de la palabra) de la información, que tiene posibilidades de influir en la opinión pública, a quienes hemos escuchado comentar el tema y dejar flotando una sombra de duda. Es decir “pero si dicen que…”. El famoso se dice” es la mejor forma para hacer daño gratuito.
¿Quién lo dice?. ¿Se anima a afirmarlo públicamente?. ¿Tiene idea de la responsabilidad que le cabe?. ¿Sabe lo que cuesta la difamación?.
Por nuestra parte tenemos esto muy claro que en esto y en todos los casos nos cabe una gran cuota parte de responsabilidad y es la de hacer notar a quien lo difunde, si se trata de una información, de un hecho confirmado o de un rumor.
Todavía somos capaces de distinguir entre el periodismo comprometido y enjundioso y el “amarillismo” escabroso, que algunos no saben distinguir y en este “vale todo”, entienden que es lo mismo.
Para nosotros no importa a quien o quienes se involucre, no importa color político, idea religiosa, tendencia sexual ni ningún otro aspecto para pararnos frente a estos rumores y denominarlos como lo que son: canalladas infames.
Quien o quienes dicen que “vieron” o “saben” de estos hechos, deberían hacer lo que corresponde: salir a decirlo públicamente y hacerse responsables de las consecuencias.
Pero nosotros y cualquier persona que se precie de responsable sabe o debería saber, que al repetir un rumor a la ligera, está siendo usado por intereses bastardos, bajos y detestables, como en este caso.
Así de sencillo.
Alberto Rodríguez Díaz








8 de Febrero de 2010 a las 12:30
Realmente muy bueno Alberto su editorial. Lo felicito y comparto los conceptos vertidos en el mismo