No se trata sólo de endurecer sanciones

Cuando escribíamos nuestro editorial anterior, sabíamos que despertaríamos muchas reacciones, tanto de adhesión como adversas. Sabíamos que más de una persona no estaría de acuerdo con nuestro punto de vista y por ello entendemos necesaria esta explicación.
Existen niños, adolescentes y jóvenes en nuestra sociedad, a los cuales miramos con cierto tipo de rechazo, porque es evidente que han dejado de estudiar, no trabajan, se ven despreocupados, sin buenos modos de vida y seguramente viciosos.
Pero llegando más a la profundidad de estos temas, tratando de saber “por qué” se registran estos casos y llegan a vivir frecuentemente robando, rapiñando o revolviendo los contenedores de basura. Tenemos que entender que no alcanza con “becarlos”, darle comida o incluso algunos pesitos cuando son adolescentes para tratar de meternos en su situación.
Nadie puede concentrarse en el estudio, es decir prestarle la debida atención a su educación si sabe que su entorno familiar, vale decir sus afectos, padre, madre, hermanos, abuelos, están pasando mal, no tienen comida o sufren determinadas penurias.
No basta entonces con atenderlos socialmente a estos niños o menores, porque los resultados no serán los mejores. Incluso se ha dicho y vaya si es verdad, que muchas veces la comida de la escuela es la única que tienen estos niños. Ni que hablar de su ropa, de sus zapatillas y demás.
Entonces, cuando se habla a la ligera, se relativiza o se simplifica los problemas de la educación, nos damos cuenta que falta mucho para que haya una verdadera empatía.
Para meternos en la situación del otro, para entender cual es realmente el problema que vive.
Es obvio que esto se puede transformar en un asistencialismo tan negativo o más que lo otro, si no se evalúa debidamente. Pero nada más erróneo y equivocado que creer que es por el camino de la represión y de la sanción que habrá de llegar la salida al problema.
Estamos ante un problema social que va mucho más allá de las manifestaciones. Hay crímenes horrendos, que sin duda resultan muy difíciles de admitir y superar, pero debemos mantener firme el rumbo, porque en caso contrario solo estaríamos tomando posición, igual que si tuviéramos un arma en la mano y quisiéramos arreglar todo a balazos.
En estas columnas, hemos dicho una y otra vez que compartimos las sanciones, que para nosotros son suficientes, pero el mayor esfuerzo y los mejores resultados, provendrán siempre de la prevención y es hacía allí que debemos apuntar.
A.R.D.