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No somos ajenos al problema

Mientras no reconozcamos que la educación machista que hemos recibido está en la base del problema, seguiremos en la misma situación, porque muy a pesar de lo que podamos pensar, la educación del país hasta el momento ha privilegiado al varón.
Nos llama la atención ver en las marchas condenatorias de la violencia -que compartimos – a mucha gente de la que sabemos ha tenido y tiene manifestaciones de violencia.
¿Como se llama esto? Hipocresía. Es una buena parte del problema, no darnos cuenta que también nosotros somos parte del problema, porque a menudo levantamos la voz, imponemos, exigimos y hasta podemos llegar a golpear en algunos casos, no sólo a los niños.
Mientras no cambiemos todos, los que integramos la sociedad, seguiremos llorando, haciendo marchas y participando del dolor ajeno, porque en realidad esto es más fácil que reconocer y admitir que somos parte del problema.
Hoy tenemos una situación delicada. Mucha gente está dispuesta a salir a la calle a manifestarse, a “cacerolear” a hacer ruido de cualquier manera, considerándose “libre de pecado”, pero en realidad forma parte del problema.
Nos atrevemos a decir que en nuestros días existen muchos más pedófilos de lo que imaginamos, nada más que no se manifiestan o no encuentran las condiciones que consideran propicias para sus execrables andanzas.
Tanto es así, que la mayor parte de las violaciones y los casos de abusos sexuales se dan en el interior de las familias, o su entorno cercano y la hipocresía de nuestra sociedad determina que gran parte de estos casos no salgan a la luz nunca, pero existen.
Si en lugar de marchas, hiciéramos actos de verdadero sinceramiento, quizás se podría enfocar el tema con mayor profundidad.
Seguro que para mejorar la situación que nos hallamos, debemos encontrar la forma de participar obligatoriamente en talleres y otras iniciativas que nos alerten del problema y a la vez nos hagan ver
la profundidad del mismo.
En este sentido nos ha llamado poderosamente la atención la valentía de la joven madre de Brissa, una de las últimas niñas asesinadas, la que ha pedido que quiten de las redes sociales todos los mensajes de odio. Es una dolorosa, pero valiente muestra de entender que no es a través del odio y del rencor que habremos de salir de esta cruel situación, sino asumiendo la realidad que directa o indirectamente nos resistimos a admitir.
A.R.D.