No tan ajenos

Montevideo tiene fama de ser una ciudad sucia y desprolija. Muchas administraciones municipales o departamentales, como se las denomina estrictamente hoy, han pasado, pero ninguna de ellas ha podido solucionar uno de los problemas básicos de los gobiernos departamentales, tal es así que integra el denominado ABC (Alumbrado, Basura y Calles) de los gobiernos departamentales o intendencias.
Sin embargo, siempre que nos referimos a este problema hacemos blanco en los gobiernos departamentales, cuya gestión en este sector es uno de los factores que inciden en el tema, pero quizás ni siquiera el más trascendente.
En estos días se ha difundido el reconocimiento por parte del propio Intendente de Montevideo, como también de alguno de sus jerarcas del sector, que en lo que va del año ha aumentado, no tanto la basura, sino sustancialmente del desorden que significan las bolsas de residuos que se arrojan afuera de los contenedores dispuestos para recoger la basura.
Esto tiene tres causas probables. La primera de ellas, la supuesta haraganería o mal llamada “comodidad” de quienes arrojan sus bolsas de residuos sin bajarse inclusive de su vehículo.
La segunda es la desprolijidad de quienes hurgan en busca de algún material o elemento que le sea útil, ya para comercializar, o para vender a recicladores y una vez “revisados” los contenedores arrojan las bolsas fuera de los contenedores sin preocuparse por el hecho de dejar las bolsas de basura en completo desorden y al alcance de perros, gatos y roedores, sin pensar además en la posibilidad de que el viento u otras causas naturales se encarguen de completar el desorden y la desprolijidad dejada por ellos.
El tercer factor, lamentablemente también presente en forma frecuente es el vandalismo, gente que “se divierte”, destruyendo, quemando, rompiendo o sencillamente desparramando la basura.
Todos estos factores son indicio de lo mismo. La poca conciencia social que tenemos muchos uruguayos, que no pensamos en el daño o simplemente el desorden que estamos causando muchas veces con nuestra conducta reprobable.
Son todos elementos a tener en cuenta si pretendemos al menos contribuir a mejorar esta situación. Lo que no podemos desconocer es que a todos nos cabe una cuota parte del problema, ya sea por contribuir al desorden o simplemente por ignorarlo, incluso cuando se observa que alguien rompe, daña o desordena.
A.R.D.







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