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No todo es descartable

Admitimos que pertenecemos a otra época y no compartimos aquello que “todo tiempo pasado ha sido mejor…” Para nosotros toda época tiene lo suyo, algunas cosas mejores y otras negativas.
En nuestros días, los de la Urreta S.A. a pleno, los de Orange Crush, los de Manzanares, sólo para mencionar tres emblemas de nuestros días, tenía su encanto, su acierto y sin duda sus valores. Como también existían sus limitaciones y sus antivalores que siempre existieron.
Hoy sobre todo la tecnología, muestra un avance incluso insospechado en décadas atrás, Internet a la cabeza, denominada como la red de redes, pero no sólo en materia de comunicación social, sino que también hay avances insospechados en el campo de la medicina y de muchos más.
Esto movido por políticas sociales que a nuestro entender han sido totalmente incapaces y no sólo en el Uruguay, sino en todo el mundo, de promover los valores humanos y disminuir los antivalores.
Todo lo contrario, si nos detenemos hoy a observar lo que está sucediendo en materia de seguridad nos daremos cuenta que en este campo no hemos avanzado precisamente.
Es que la política que ha movido todo es la de “hacé la tuya” y tras esta premisa todo vale.
Es lo que ha movido a la sociedad de nuestros días. Tiempo en el que todo es descartable, propio de una sociedad derrochona, donde todo se descarta. Pero también es la política que ha incentivado la soberbia y el ego de mucha de la gente joven de nuestros días, felizmente no toda, la que se muestra convencida que la experiencia no sirve que “ya fue…”. Hoy nada se repara, nada se arregla, todo se descarta y se compra nuevo, aunque la calidad diste muchísimo de la que teníamos décadas atrás.
Esta política es la responsable de la desaparición de los mimbreros, de los zapateros, de los colchoneros, de los muebleros, de los talabarteros y de tantos otros oficios más, que ya no tienen artesanos que los cultiven.
Pero los más lamentable es que se han perdido valores como el respeto tanto a las personas como a los bienes ajenos, la honestidad, la coherencia entre lo que se pregona y lo que se hace.
De la mano del “hacé la tuya” no se miran ni se tienen en cuenta estos valores, por la sencilla razón que a nadie parece preocuparles.
Ojalá aprendamos antes que sea demasiado tarde, que no todo es descartable…
A.R.D.