No todo se debe politizar

El Ministro del Interior, Eduardo Bonomi, acaba de difundir la idea de planear un proyecto mediante el cual el Estado retiraría la patria potestad a aquellas personas procesadas en forma reincidente, que tienen hijos menores que son “empujados a delinquir”.

En primer lugar hay que distinguir que este tema no es el gran tema de la seguridad, sino un aspecto más que seguramente puede alcanzar trascendencia, dado que la realidad indica que frecuente y lamentablemente, los hijos de delincuentes tienen muy poca chance de escapar al mismo camino del delito.

Pero en realidad la problemática va mucho más allá de este aspecto. Incluso una política social debería apuntar al niño desde que nace en ambientes problemáticos, a revisar las condiciones de vida en todos los aspectos, desde el económico, sanitario, de vivienda y similares.

El retiro de la patria potestad, una medida extrema, seguramente será  largamente discutido, no es un tema fácil, porque las leyes son permanentes y estas herramientas legales pueden en determinadas situaciones volverse nefastas. De todas maneras, valdría la pena analizarlas y ajustarlas para que realmente resulten en un aporte en el intento de restar “clientes” al perverso sistema de generación de delincuentes, dado que hoy muchos niños caen a temprana edad en la droga y otros vicios que desembocan ineludiblemente en delitos mayores.

Pero tanto este como los restantes temas que tienen que ver con la seguridad de la población no deberían de politizarse. Dividir las aguas entre quienes apoyan una medida de este tipo y quienes la rechazan es ir directamente al fracaso de la misma y por lo tanto, aún cuando resultara aprobada y se pusiera en práctica es difícil que  de los frutos que se persiguen.

Cuando los partidos políticos toman posición en bloque, están bloqueando el debate franco y abierto de temas en los que hay mucha sensibilidad pública.

Esto lleva a que finalmente los temas se vuelvan un campo de batalla y la aprobación o rechazo de los proyectos se transforman en una cuestión de triunfo o derrota cuyo resultado es siempre nefasto para la mayoría de los uruguayos, porque a la larga, los verdaderos problemas de fondo quedan de lado, en el fragor de esta lucha y de allí que nunca lleguen soluciones más o menos razonables.