Nuestra responsabilidad frente al alcohol

Es uno de los desafíos que deben necesariamente superar las familias actuales. El ingreso a la adolescencia y a veces antes aún, pone a los chicos, tanto varones como mujeres en contacto con el alcohol, la droga de mayor difusión y de más fácil acceso en nuestra sociedad.
Sin duda que la afirmación de una médica involucrada en la lucha contra el alcoholismo, revela la realidad de esta problemática. El mayor problema es que uno de cada dos padres de estos chicos no ven el tema como un problema grave y por lo tanto tampoco se preocupan por encausarlo debidamente.
Lo que sucede es que frecuentemente en las propias familias hay problemas de alcoholismo, y aunque no se trata de alcohólicos consuetudinarios precisamente, siempre algunos de los integrantes de la familia al menos es proclive a consumir alcohol en cantidades importantes y los adolescentes entran en contacto con esta realidad.
Estos ejemplos cercanos a los chicos son los que hacen mayor daño, debido a que los menores se llevan mucho por referentes, vale decir, imitan conductas que ven en su alrededor y la familia es la primera referencia. Cuando se trtata de malos ejemplos, lamentablemente las consecuencias resultan también muy malas.
No se trata de la copa de vino en las comidas, no se trata de un consumo prudente y responsable. Hoy en Salto el consumo de cerveza en el verano es casi una práctica habitual y no nos limitamos a tomar y disfrutar de una cerveza entre amigos, sino que el consumo pasa a ser exagerado y hay casi un desafío entre los propios jóvenes para determinar “quienes son los que más toman…”, quiénes son los que “más resisten” y demás…
Curiosamente al comenzar a beber se lo hace para demostrar una supuesta madurez, una supuesta hombría, sin reparar que el alcohol no sólo les hace daño, sino que los expone ante los demás en forma ridícula y generalmente son el hazmerreir de los demás, que notan la torpeza de sus movimientos, de sus dificultades hasta en el habla.
Es probable que al día siguiente se averguencen de lo hecho, pero su entorno “lo convence” que si no lo hubiera hecho pasaría a ser el “distinto”, el “raro” y de esto a ser víctima de Bullying hay un corto paso.
Es en esta etapa que los padres tenemos una gran tarea, una gran responsabilidad, porque después de su propio entorno juvenil, quien más influye en los adolescentes es su familia. Si en ella hay buenos ejemplos, en gran parte al menos la lucha estará ganada y si bien no hay garantías absolutas en este tema, es el mejor paso que podemos dar.