Nuestros inadmisibles prejuicios

Entre las diez “mochilas”, que según el Ing. Agr. Eduardo Blasina (para nosotros el orador con argumentos más sólidos en el acto de Durazno), carga la producción agropecuaria, la última, que el disertante no explicó demasiado, es la de los “prejuicios”. A cuenta de un análisis más profundo de la cuestión, nos interesa detenernos hoy en este aspecto, que seguramente es tan válido y al mismo tiempo complejo como otros.
Nos apresuramos a señalar que compartimos la mayoría -no todos ni tal como se expresaron – las “mochilas” que carga el campo, según el disertante.
Pero la décima mochila, de los prejuicios, más allá de la incidencia que pueda tener es real y concreta, aunque no debiera existir para nada, porque es indicadora de una realidad absurda y equivocada que no le hace bien a nuestro país ni a nadie.
Días atrás sosteníamos en estas columnas y lo seguimos haciendo, que siempre existió y existe una especie de controversia “campo -ciudad”. Su existencia es innegable, pero no resulta absurda, casi estúpida diríamos.
Es tan errado reírse y “ningunear” a nuestra gente del campo o del interior todo cuando va a una ciudad más grande, como Montevideo, que reírse y burlarse de los “puebleros”, cuando van al campo o preguntan si es una vaca o un toro, porque no conocen.
También es absurdo creer que todos los que habitan en una ciudad son holgazanes, que viven sin trabajar o hacen el mínimo esfuerzo, tomando café sentados en sus escritorios con aire acondicionado. Ni son todos, aunque haya alguno. Es más, resulta difícil que haya alguien que viva sin trabajar.
Tanto como decir que todos los manifestantes el pasado martes en Durazno andaban en su “4 x 4”. En primer lugar, ciertamente que había muchos de estos vehículos, pero es real que hoy por el estado de los caminos y porque permiten circular en condiciones en que no lo permiten otros vehículos, que estas camionetas se hayan transformado en una herramienta de trabajo y por lo tanto tener una no es indicio necesariamente de riqueza, de bienestar o de poderío.
Son prejuicios innegables que lo que indican es nuestra incapacidad para analizar profundamente cada caso o cada situación, porque si así fuera veríamos que todos tenemos conocimientos e ignorancias porque obviamente nadie puede ser “logo” en todo.
Esta es la mochila probablemente más fácil de erradicar, bastaría con tomar conciencia que somos todos iguales, que todos nos necesitamos y que cada uno debe aportar lo suyo y ser sensible con los demás, como única forma de crear las bases de un país más humano y más equitativo.
Alberto Rodríguez Díaz







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