Nunca fueron beneficiosas

Sabíamos que opinar en contra de la posición de una amplia porción del pueblo uruguayo es obviamente exponerse a ser cuestionado duramente.
Esa es la función de alguien que tiene el propósito de hacer conocer su opinión y sobre todo de aportar elementos para la discusión sana, frontal y respetuosa.
Desde luego que opinar con propiedad significa saber que probablemente a alguien no gustará lo que opinamos, porque como dice la máxima conocida “nadie es monedita de oro para gustar a todos”. No nos consideramos los dueños del a verdad, pero creemos que tenemos suficientes argumentos al menos para ser discutidos con altura y autoridad.
Cuando opinamos en contra de una intervención en Venezuela, no estamos haciendo otra cosa que dando a conocer nuestra posición y explicando “por qué” sostenemos dicha posición.
Desde que tenemos uso de razón hemos aprendido que las intervenciones militares nunca fueron buenas, porque terminaron al menos en la pérdida de soberanía de los pueblos.
No es nada nuevo. Así no enseña nuestra propia historia nacional, donde por algo se rechazó siempre las intervenciones, llámense Invasiones Inglesas”, portuguesas o españolas. Nada bueno surgió de ellas para nuestro pueblo y fue por ello que invariablemente los uruguayos u orientales supimos oponernos a estas acciones.
Esto nos tendría que valer para preguntarnos, “¿por qué”? nuestros antepasados se opusieron férreamente a ser una colonia de una potencia dejando de lado los intereses soberanos?
Hoy la forma de intervención ha cambiado mucho. Lo que antes denominábamos “invasión”, lisa y llanamente, ahora se denomina “intervención”. Antes se imponía fuera cual fuera la posición de los pueblos invadidos. Hoy -marketing- mediante se van ajustando las tuercas hasta que son los propios pueblos los que terminan pidiendo la intervención o incluso “rogándola”, en el convencimiento de que será favorable.
Lo más cómodo y usual en estos caso es dejarse llevar por la corriente, opinar usando los argumentos que se manejan popularmente y que si investigáramos con profundidad veríamos que proceden de alguna de las partes en litigio, aunque a través de organismos “objetivos”, “apolíticos” o “apartidarios” al menos.
No es nuestro caso y preferimos despertar sentimientos contrarios, con tal que sean siempre de buena fe, para analizar con mayor profundidad y sin influencia alguna, cada tema más allá de lo que puede verse a simple vista.
A.R.D.