Ojalá estemos a tiempo

Los casos de zika y dengue que han sido descubiertos en el país y han disparado la necesidad de adoptar nuevas medidas para controlar la expansión del vector de estas plagas, que es el mosquito Aedes Aegypti, nos ponen nuevamente frente al gran tema de concientizar a la población sobre la necesidad de erradicar todos los reservorios, depósitos de agua limpia, que constituyen el hábitat apropiado para la reproducción de dicho insecto.
Salto se halla en estado de emergencia sanitaria y en estos meses se ha procedido a regularizar la limpieza de la ciudad, la que hoy aparece como bastante aceptable, tanto es así que se han acallado las protestas masivas, aunque siempre habrá alguna individual por allí.
Al mismo tiempo se ha impulsado una tarea de limpieza de “cacharros”, la que a nuestro entender debiera reiterarse periódicamente y con los también reiterados anuncios de dónde y cuándo se hará.
Lo que indudablemente está fallando para observar una notoria disminución de los mosquitos, es evidentemente una mayor concientización de la población sobre la necesidad de proceder a una intensa campaña de eliminación de estos reservorios.
Vale decir, la eliminación del Aedes Aegypti, de por sí muy dificultosa, se hace además más difícil cuando no hay una tarea mancomunada de población y autoridades para tratar de cerrarle el paso al insecto al máximo posible.
Lo que lamentablemente es desidia, falta de interés de la población en asumir como corresponde esta tarea con la mayor conciencia ciudadana, con la mejor disposición y el interés real de contribuir a la eliminación del mosquito.
Lamentablemente una sola excepción puede llegar a constituirse en un foco irradiador de muchos insectos que a su vez diseminen el virus de estas plagas a diestra y siniestra.
Si bien hay una alta confusión, atribuyendo al mosquito la “producción” del virus causante de la enfermedad, cuando en realidad el Aedes Aegypti no lo produce, sino que lo transmite luego de picar a una persona infectada, la única forma de eliminar o al menos disminuir las probabilidades de que la enfermedad se transforme en una epidemia, es eliminando o reduciendo al mínimo la población de este insecto, porque no se conoce otra forma de transmisión de la enfermedad que no sea a través de la picadura del mosquito.
Es hora entonces de asumir nuestra cuota parte de responsabilidad, eliminando al máximo posible los reservorios de agua donde pone sus huevos el Aedes, para que allí se desarrollen las larvas.