Ojalá lo hayamos aprendido

El resultado de las elecciones nacionales celebradas el pasado domingo último en el país, para la conformación del futuro parlamento nacional, indica que habrá nuevamente una mayoría del partido de gobierno, como ha ocurrido en los últimos diez años.

Si esto es bueno o malo para el país, es muy difícil de determinarlo de antemano, dado que esta mayoría no es más que una herramienta y depende mucho de cómo se la utilice. Cualquier herramienta bien utilizada es de una enorme utilidad, facilita muchas cosas, mientras que mal usada puede incluso convertirse en un arma letal.

Que un gobierno tenga el suficiente respaldo parlamentario de parte de su propia fuerza, es sin lugar a dudas ventajoso para quien ejerza el poder, aunque la ajustada mayoría que se registra en el Uruguay sigue determinando y esto sí que es muy positivo, que las denominadas leyes “especiales”, consideradas las más importantes, requieren de mayorías especiales, que no se alcanzarán tampoco en esta oportunidad.

Es bueno para la democracia que un gobierno pueda tener el respaldo suficiente en las cámaras para poner en práctica los planes y programas que ha comprometido en su campaña. Lo dijo el recordado líder nacionalista cuando hablaba de la “gobernabilidad”.

Es malo, que un gobierno use esta mayoría, conocida jocosamente como de “las manos de yeso”, para evitar el debate, la discusión de ideas y el intercambio que siempre enriquece a aquellos legisladores interesados en analizar y buscar lo mejor para la mayoría de los conciudadanos.

Cuando así se obra se está demostrando una mediocridad lamentable, que nos ha relegado como país, nos ha impedido avanzar y desarrollarnos en muchos aspectos.

Es malo, también que una oposición se oponga sistemáticamente a toda iniciativa proveniente del oficialismo, sin aportar argumentos razonables para la discusión.

Es malo que la oposición decida no integrar los directorios de los organismos estatales donde tiene como misión una función esencial, como es la de fiscalizar y controlar todo  lo que haga el oficialismo.

Es malo para una democracia no entender que un buen parlamento debe ser un órgano de debate, de discusión, de análisis y búsqueda del bien común, de lo mejor y más justo para las grandes mayorías, sin que esto signifique un populismo exagerado.

Entendemos que los caminos pueden ser diferentes, que la concepción de qué es lo mejor, puede ser muy distinta y por lo tanto es lógico que no haya unanimidades, que muchas veces no haya coincidencias, pero la esencia de la cuestión está en el intercambio de argumento, en el debate abierto, honesto y  responsable.

Aunque con las diferencias que son de esperar, será siempre un aporte para el ciudadano que podrá saber qué es lo que piensa cada legislador sobre el tema y sabiendo los pro y los contra de la cuestión, tomar una posición sólida en cada caso.

De esto se trata, ojalá lo hayamos aprendido.

l resultado de las elecciones nacionales celebradas el pasado domingo último en el país, para la conformación del futuro parlamento nacional, indica que habrá nuevamente una mayoría del partido de gobierno, como ha ocurrido en los últimos diez años.
Si esto es bueno o malo para el país, es muy difícil de determinarlo de antemano, dado que esta mayoría no es más que una herramienta y depende mucho de cómo se la utilice. Cualquier herramienta bien utilizada es de una enorme utilidad, facilita muchas cosas, mientras que mal usada puede incluso convertirse en un arma letal.
Que un gobierno tenga el suficiente respaldo parlamentario de parte de su propia fuerza, es sin lugar a dudas ventajoso para quien ejerza el poder, aunque la ajustada mayoría que se registra en el Uruguay sigue determinando y esto sí que es muy positivo, que las denominadas leyes “especiales”, consideradas las más importantes, requieren de mayorías especiales, que no se alcanzarán tampoco en esta oportunidad.
Es bueno para la democracia que un gobierno pueda tener el respaldo suficiente en las cámaras para poner en práctica los planes y programas que ha comprometido en su campaña. Lo dijo el recordado líder nacionalista cuando hablaba de la “gobernabilidad”.
Es malo, que un gobierno use esta mayoría, conocida jocosamente como de “las manos de yeso”, para evitar el debate, la discusión de ideas y el intercambio que siempre enriquece a aquellos legisladores interesados en analizar y buscar lo mejor para la mayoría de los conciudadanos.
Cuando así se obra se está demostrando una mediocridad lamentable, que nos ha relegado como país, nos ha impedido avanzar y desarrollarnos en muchos aspectos.
Es malo, también que una oposición se oponga sistemáticamente a toda iniciativa proveniente del oficialismo, sin aportar argumentos razonables para la discusión.
Es malo que la oposición decida no integrar los directorios de los organismos estatales donde tiene como misión una función esencial, como es la de fiscalizar y controlar todo  lo que haga el oficialismo.
Es malo para una democracia no entender que un buen parlamento debe ser un órgano de debate, de discusión, de análisis y búsqueda del bien común, de lo mejor y más justo para las grandes mayorías, sin que esto signifique un populismo exagerado.
Entendemos que los caminos pueden ser diferentes, que la concepción de qué es lo mejor, puede ser muy distinta y por lo tanto es lógico que no haya unanimidades, que muchas veces no haya coincidencias, pero la esencia de la cuestión está en el intercambio de argumento, en el debate abierto, honesto y  responsable.
Aunque con las diferencias que son de esperar, será siempre un aporte para el ciudadano que podrá saber qué es lo que piensa cada legislador sobre el tema y sabiendo los pro y los contra de la cuestión, tomar una posición sólida en cada caso.
De esto se trata, ojalá lo hayamos aprendido.