Orden y premura, pero sin psicosis

La constatación del primer caso de dengue autóctono, contraído en Salto, ha obrado de disparador de una situación que no por esperada, deja de sorprender.
Las autoridades sanitarias habían alertado que la enfermedad podía aparecer en cualquier momento, porque estaban dadas todas las condiciones para que lo hiciera.
Sin embargo, creo que todos teníamos la íntima esperanza de que no aparecería por estas latitudes. Nos equivocamos y esperemos que el precio que deberemos pagar por esto no sea demasiado alto.
Es que en realidad, tal como lo habíamos indicado reiteradamente en estas columnas, que estas plagas todavía no hayan aparecido en el país, es un tema absolutamente casual y fortuito, dado que los vectores que transmiten la plaga están presentes desde hace muchos años y la enfermedad está en la región y viene bajando hacia la última parte del subcontinente que aún no la padece.
Esto unido a que en realidad la población nunca tomó verdadera conciencia del problema y por lo tanto no se ha preocupado demasiado por eliminar las condiciones que determinan la proliferación del mosquito, completan el panorama apropiado para la aparición de la enfermedad.
Esa hora llegó. Tenemos la comprobación del primer caso de dengue autóctono y es mucha la gente que ha corrido a munirse de repelentes, a tomar medidas serias de eliminación de los lugares apropiados para la cría de las larvas, y a tomar precauciones generales, haciendo caso a las recomendaciones de las autoridades sanitarias, esto es colocando “mosquiteros en puertas y ventanas y demás.
Es esta una tarea que debe hacerse en forma conjunta, porque de nada sirve que se lo haga individualmente. Ahora bien, ¿qué hacer con quienes no tienen la más mínima intención de adoptar medidas?
Pasa a ser responsabilidad de la Intendencia, tenga o no tenga medios para cumplirla, pero hay en nuestra ciudad varias gomerías que tienen los neumáticos en desuso apilados a la intemperie. Si no se responsabilizan de llevarlos adonde corresponde, es la Intendencia que debe hacerlo y obviamente proteger a la población sancionando como corresponde al infractor.
Es solo una de las tantas aristas que tiene el problema, pero lo primero a saber es precisamente que en esto vamos todos y si no obramos juntos para cerrarle el paso al mosquito Aedes Aegypti, pagaremos el precio más alto que nos imaginemos.
Es hora de asumirlo, sin drama, sin psicosis, pero con la debida responsabilidad y premura que exige la situación.