Organos de Contralor: el primer desafío

Una de las discusiones más importantes que está teniendo lugar por estos días entre el gobierno electo y  la oposición, es la referente a la integración de los organismos de contralor, esto es la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas, esencialmente.
Hace por lo menos 15 años que dichos organismos, cuya integración requiere de una mayoría especial en el parlamento, permanece con una integración porcentual que no responde a otra cosa que no sea intereses partidarios puntuales.
Nos explicamos. La exigencia de contar con determinada mayoría legislativa, que se requiere para estas designaciones ha sido usada hasta hoy como un “cerrojo” para impedir que se renueven sus integrantes.
Es así que hay gente que lleva allí por lo  menos 15 años, atornillado a su silla, cuando no viene desde los años de dictadura.
Hoy la ciudadanía del país se divide esencialmente entre dos grandes “familias” ideológicas, que podrían  entenderse como “derecha” e “izquierda”, aunque no sea exactamente así.
Esta última  mantuvo el gobierno nacional, al que había llegado por primera vez cinco años atrás, e incluso mantuvo mayoría parlamentaria en ambas cámaras aunque no llega a las mayorías especiales que se requieren en estos casos.
Como es sabido en el primer período de gobierno del F.A. no hubo acuerdo para renovar la integración de estos organismos.
Hoy se está hablando manifiestamente de la voluntad de proceder a la renovación, pero del dicho al hecho hay todavía mucho trecho.
Resulta obvio que el partido de gobierno requiere la mayoría en ellos, mientras que la oposición, al menos algunos de sus voceros, ha manifestado su convicción que por tratarse de órganos de contralor, precisamente la mayoría debe ser de la oposición.
En este caso la diferencia está en que lo que ahora se pretende es bastante diferente a lo que se hizo en el pasado, cuando se era mayoría y se mantiene hasta nuestros días.
El Tribunal de Cuentas tiene siete miembros: 3 colorados, 2 blancos y 2 del F.A.
La Corte Electoral tiene nueve integrantes: 4 colorados, 3 blancos y 2 del F.A.
Esta representación fue impuesta, lisa y llanamente debido a las mayorías existentes en esos momentos y desconociendo totalmente los porcentajes de la voluntad popular expresados en las urnas.
Esta obcecación es la que hay que evitar. Lo que nunca se hizo antes, cuando se pudo hacer, es lo que hoy se reclama.
Por el bien del país, es importante que esta situación se destrabe, mediante el diálogo, mediante el sentido común y dejando de lado los intereses partidarios, para construir órganos que realmente den al pueblo las garantías suficientes de su accionar.
Ahora es el tiempo de discutir estos aspectos esenciales y también de sacar conclusiones, porque si no hay acuerdo, nada mejor que lo decida el pueblo y  por lo tanto, que se tomen los recaudos necesarios para que en adelante también sean cargos electivos, como los son las juntas electorales.
Sería lamentable, pero necesario.