Otra vez la política del Ñandú

En el ámbito rural se tiene como cosa cierta – de la que no podemos dar fe – porque honestamente nunca vimos, que cuando el ñandú se siente acorralado o superado por una situación lo que hace es buscar un  agujero en la tierra donde ocultar su cabeza.
Esto se interpreta como la convicción de que si no veo la realidad que pasa a mi alrededor ésta deja de ser apremiante.
Lo absurdo de la cuestión es lo que llama la atención, porque obviamente es esta la mejor forma de ser fácil presa de quien le acosa.
Viene al caso por la actitud que hemos visto lamentablemente desde hace muchos años a esta parte en algunos medios e incluso gobernantes nacionales cuando existe un problema que los supera o necesariamente quieren ocultar pretendiendo que de esta forma se evitará el mal mayor.
Nada mas absurdo. Cuando alguien oculta una situación, lo que está haciendo es precisamente confirmar que se trata de algo grave, preocupante y que no se quiere admitir o dar a conocer en  toda su  magnitud un problema grave.
Ha pasado cuando hay algún tema puntual, sanitario o de otro tipo que afecta, por ejemplo al turismo, invocando las fuentes de trabajo – de las que se excluye por supuesto los medios informativos que asumen su obligación de informar – y aspectos similares, por un falso concepto de no alarmar.
Está pasando en nuestros días con la situación de la Leishmaniasis, una enfermedad cruel y preocupante que está entre nosotros. A nivel canino se ha comprobado, aunque los diagnósticos no sean infalibles, y a nivel humano se asegura que aún no ha aparecido, aunque debido al período de incubación que tiene la propia enfermedad nadie pueda asegurarlo plenamente.
¡Ojalá que así sea!, pero la cuestión más preocupante, es que el concepto que se sigue manejando en cuanto a la información.
Todavía no se ha asumido que el costo mayor de una situación de este tipo es precisamente la que se  puede derivar de  una falta de información o de una información deformada que lleve precisamente a cometer acciones de riesgo ante una situación de este tipo.
Mucho mas cuando los responsables no tienen credibilidad alguna, debido a que de ex profeso ocultan información, especulan con la misma o “no aparecen” cuando se trata de ubicarlos.
Es por eso que consideramos que más allá  del daño de una merma en el número de turistas, de la pérdida del “status” sanitario o cosas similares, la afectación de un solo  ser humano por una situación que se pudo evitar es el mayor daño que se puede sufrir y hacer padecer al país.
La torpeza de hacer la del ñandú, esto es ocultar información, para no afectar determinados intereses, suele  tener este precio.
Alberto Rodríguez Díaz

En el ámbito rural se tiene como cosa cierta – de la que no podemos dar fe – porque honestamente nunca vimos, que cuando el ñandú se siente acorralado o superado por una situación lo que hace es buscar un  agujero en la tierra donde ocultar su cabeza.

Esto se interpreta como la convicción de que si no veo la realidad que pasa a mi alrededor ésta deja de ser apremiante.

Lo absurdo de la cuestión es lo que llama la atención, porque obviamente es esta la mejor forma de ser fácil presa de quien le acosa.

Viene al caso por la actitud que hemos visto lamentablemente desde hace muchos años a esta parte en algunos medios e incluso gobernantes nacionales cuando existe un problema que los supera o necesariamente quieren ocultar pretendiendo que de esta forma se evitará el mal mayor.

Nada mas absurdo. Cuando alguien oculta una situación, lo que está haciendo es precisamente confirmar que se trata de algo grave, preocupante y que no se quiere admitir o dar a conocer en  toda su  magnitud un problema grave.

Ha pasado cuando hay algún tema puntual, sanitario o de otro tipo que afecta, por ejemplo al turismo, invocando las fuentes de trabajo – de las que se excluye por supuesto los medios informativos que asumen su obligación de informar – y aspectos similares, por un falso concepto de no alarmar.

Está pasando en nuestros días con la situación de la Leishmaniasis, una enfermedad cruel y preocupante que está entre nosotros. A nivel canino se ha comprobado, aunque los diagnósticos no sean infalibles, y a nivel humano se asegura que aún no ha aparecido, aunque debido al período de incubación que tiene la propia enfermedad nadie pueda asegurarlo plenamente.

¡Ojalá que así sea!, pero la cuestión más preocupante, es que el concepto que se sigue manejando en cuanto a la información.

Todavía no se ha asumido que el costo mayor de una situación de este tipo es precisamente la que se  puede derivar de  una falta de información o de una información deformada que lleve precisamente a cometer acciones de riesgo ante una situación de este tipo.

Mucho mas cuando los responsables no tienen credibilidad alguna, debido a que de ex profeso ocultan información, especulan con la misma o “no aparecen” cuando se trata de ubicarlos.

Es por eso que consideramos que más allá  del daño de una merma en el número de turistas, de la pérdida del “status” sanitario o cosas similares, la afectación de un solo  ser humano por una situación que se pudo evitar es el mayor daño que se puede sufrir y hacer padecer al país.

La torpeza de hacer la del ñandú, esto es ocultar información, para no afectar determinados intereses, suele  tener este precio.

Alberto Rodríguez Díaz