Otro empuje contra las bolsas de nylon

Días atrás escuchábamos a un coterráneo asombrado relatar como en Suecia, país al que viajó por primera vez, notó un grado de orden y disciplina, para nosotros insólita, que guardan allí. La mayoría de la gente se desplaza en bicicletas y hay ciclovías especiales para estos vehículos, pero “guay” de que un automovilista se meta a transitar por estas vías exclusivas para las bicicletas.
No sólo paga multa sino que inmediatamente es detenido y acusado, expresó el hombre que relataba su experiencia.
Es que se trata de otro concepto, no sólo de la convivencia entre los ciudadanos, sino también de la interrelación con el medio ambiente.
En el Uruguay hace muchos años que se plantea el problema de la proliferación de las bolsas de nylon, las que los supermercados proporcionan en forma gratuita. Sin embargo poco o nada se ha avanzado y cada vez que un uruguayo o uruguaya concurre a un supermercado vuelve cargado de estas bolsas y nadie se preocupa inclusive de saber si son reciclables o no.
Pero más allá que se consideren reciclables, las bolsas de nylon –cualquiera de ellas – contaminan desde el momento en que son fabricadas y las que se cree que son biodegradables, en realidad sólo se desintegran parcialmente y permanecen como microplásticos, partículas diminutas que siguen contaminando el ambiente a pesar de que no sean visibles a simple vista.
Ahora el tema vuelve a agitarse. Se maneja la posibilidad de implantar una ley que obligue al comerciante a cobrar las bolsas que hoy se proporcionan gratuitamente, salvo que el cliente opte por reutilizar la misma bolsa, la que deberá presentar al hacer su compra. Para nosotros es un nuevo intento frustrante. Sencillamente porque ni se prohíbe, ni se eliminan las bolsas, sólo se cobrarán y por lo tanto el consumidor deberá pagar un poco más por la mercadería que compra.
Existen algunas experiencias puntuales que han consistido en proporcionar, hasta gratuitamente, otro tipo de recipientes conocidos como las famosas “chismosas” (debido a que al ser caladas “muestran lo que contienen”, que son prácticas para el acarreo de mercaderías y no contaminan.
Este es el tipo de solución que entendemos debe imponerse. Lamentablemente si no es por esta vía, los consumidores uruguayos difícilmente accederemos a eliminar las nefastas bolsas, porque información sobre los daños que estas provocan abunda.







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