Casa Amiga: la excusa perfecta

Más allá de la emotividad propia con que se vivió el momento de la puesta en funcionamiento de “Casa Amiga”, existen legítimos motivos para enorgullecernos de lo que se ha logrado.
En este sentido caben los reconocimientos:
- Al grupo Oncológico Vivir Mejor, que tuvo primero la sensibilidad necesaria para sentir que se podía y se debía hacer algo por quienes sufrían y sufren una situación humanitaria difícil, para que al dolor físico y espiritual de tener que enfrentar una dolencia tan cruel, no se uniera la preocupación de llegar a la ciudad y deambular de un lugar a otro, sin tener siquiera donde recostarse un rato.
- A la Sociedad Italiana, que fue capaz de aportar los valiosos inmuebles, demostrando con este hecho que la “Unione y Benevolenza”, para quienes integran la institución es mucho más que un simple eslogan.
- A todos los que fueron sensibles a la convocatoria liderada por el grupo oncológico y en forma muy particular a dos grupos de donantes, los que aportaron poco en materia económica, pero muchísimo en valor humano. Esto es a los que menos tienen, pero igual han aportado todo lo que han podido. De la misma forma a los donantes anónimos, que han aportado sin permitir siquiera que trascendiera su aporte, que fueron varios.
- A las autoridades todas, las de antes y  las de ahora, nacionales y locales, porque hacer la obra cuesta, pero también cuesta mantenerla funcionando debidamente y para esto ha sido y seguirá siendo imprescindible la contribución de todos desde su lugar en la sociedad.
- A los salteños, y los uruguayos de más allá de los límites departamentales. Nos debemos un reconocimiento, porque sin lugar a dudas que “Casa Amiga”, constituye la perfecta excusa para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de elevarnos por sobre las diferencias políticas, sociales, económicas y religiosas, para compartir una obra humanista como pocas.
Olvidar, así sea por un motivo puntual y por un momento, nuestras diferencias, para acercarnos a trabajar juntos en una obra como Casa Amiga, ha sido, es y será siempre un motivo de orgullo.
Ojalá podamos trasladar la experiencia a otras iniciativas que nos enriquezcan como comunidad y nos hagan sentir el legítimo orgullo de habitar este bendito suelo salteño.
Alberto Rodríguez Díaz

Más allá de la emotividad propia con que se vivió el momento de la puesta en funcionamiento de “Casa Amiga”, existen legítimos motivos para enorgullecernos de lo que se ha logrado.

En este sentido caben los reconocimientos:

- Al grupo Oncológico Vivir Mejor, que tuvo primero la sensibilidad necesaria para sentir que se podía y se debía hacer algo por quienes sufrían y sufren una situación humanitaria difícil, para que al dolor físico y espiritual de tener que enfrentar una dolencia tan cruel, no se uniera la preocupación de llegar a la ciudad y deambular de un lugar a otro, sin tener siquiera donde recostarse un rato.

- A la Sociedad Italiana, que fue capaz de aportar los valiosos inmuebles, demostrando con este hecho que la “Unione y Benevolenza”, para quienes integran la institución es mucho más que un simple eslogan.

- A todos los que fueron sensibles a la convocatoria liderada por el grupo oncológico y en forma muy particular a dos grupos de donantes, los que aportaron poco en materia económica, pero muchísimo en valor humano. Esto es a los que menos tienen, pero igual han aportado todo lo que han podido. De la misma forma a los donantes anónimos, que han aportado sin permitir siquiera que trascendiera su aporte, que fueron varios.

- A las autoridades todas, las de antes y  las de ahora, nacionales y locales, porque hacer la obra cuesta, pero también cuesta mantenerla funcionando debidamente y para esto ha sido y seguirá siendo imprescindible la contribución de todos desde su lugar en la sociedad.

- A los salteños, y los uruguayos de más allá de los límites departamentales. Nos debemos un reconocimiento, porque sin lugar a dudas que “Casa Amiga”, constituye la perfecta excusa para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de elevarnos por sobre las diferencias políticas, sociales, económicas y religiosas, para compartir una obra humanista como pocas.

Olvidar, así sea por un motivo puntual y por un momento, nuestras diferencias, para acercarnos a trabajar juntos en una obra como Casa Amiga, ha sido, es y será siempre un motivo de orgullo.

Ojalá podamos trasladar la experiencia a otras iniciativas que nos enriquezcan como comunidad y nos hagan sentir el legítimo orgullo de habitar este bendito suelo salteño.

Alberto Rodríguez Díaz

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Merece reconocerse

La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande y Educación Primaria realizan anualmente, desde hace varios años atrás, un concurso a nivel de alumnos de sexto año que apunta a la investigación básicamente de temas ambientales y al cuidado de la naturaleza.

Este año el concurso habrá de centrarse en la celebración del “Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos”.

Es una labor seguramente modesta, pero de una gran significación. Involucrar a los niños en esta tarea seguramente es una gran inversión, porque se trata de cuidar el planeta que habremos de legarles, es decir, su propia casa.

Los premios que se obtienen, para el grupo ganador y la escuela es lo que menos importa. Lo más destacado es sin lugar a dudas el hecho de motivar a los escolares a comprometerse con los temas ambientales.

Uruguay es uno de los países que está señalado con mejores condiciones en cuanto a las fuentes de energías renovables. La hidroelectricidad, es decir la energía que se obtiene a partir de la energía de las corrientes de agua aporta la mayor parte de energía eléctrica que usa el país. A ello se habrá de sumar la energía eólica, con importantes proyectos en ejecución y en un plazo quizás más lejano, también la energía solar.

De todas formas el Uruguay no es una isla y necesariamente luego de asumir determinada conducta ambiental, deberá seguir luchando para extender esta conducta a otros países.

Pero más allá de lo puntual, merece un párrafo aparte el hecho de que entendemos que este es el camino correcto además porque de esta manera se está socializando a los niños, enseñándoles las ventajas de compartir el trabajo, el esfuerzo, al investigar y por supuesto que también los logros que se alcanzan.

Esto es lo mejor que podemos hacer por nuestros niños y adolescentes si queremos apartarlos de otros caminos que inevitablemente los pondrán en la vereda de enfrente,  en o que se denomina “en conflicto con la ley” o “infractores”.

Muestra también que no es metiéndoles en cárceles o similares a edad más temprana que mejoraremos esta situación para los años venideros, sino trabajando junto con ellos en el tiempo preciso, esto en edad temprana, cuando el niño está en plena formación.

Bienvenido este aporte de CTM y Educación Primaria.

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Más sobre el tema carcelario

Cinco meses de trabajo y siete millones de dólares demandará la reparación del Complejo Carcelario (ComCar), tras el amotinamiento registrado días atrás. No sólo se trata del daño del amoblamiento, la ropa de cama, colchones y demás, sino que también se ha destrozado hasta la edificación al menos en dos de los módulos donde se registró el motín.
Unido a esto, hay que señalar que mediante un llamado incluso a la comunidad, se logró reunir cierta cantidad de frazadas y de utensilios, como platos, que una vez entregados a los reclusos fueron inmediatamente  destruidos nuevamente.
En esta ocasión el Ministerio del Interior se puso firme, en cuanto a que no se repondrían los utensilios y los demás elementos que fueron destruidos de ex profeso por los reclusos amotinados.
El problema carcelario nunca ha sido debidamente encarado en nuestro país. Son contados con los dedos de una mano los casos de las personas que pasaron por una cárcel y la experiencia les sirvió para no volver a ella por el resto de su vida.
Es que todos sabemos -porque se lo ha señalado hasta el cansancio – las cárceles del país no sirven para recuperar a nadie, sino para hacer caer hasta el fondo del abismo a los que han delinquido.
De allí que en estos momentos sólo asistimos a un empuje más del delito y de las “estrategias” que siguen los propios reclusos para tratar de zafar de su reclusión. Hay nuevos elementos que hoy complican las cosas, el dinero que se maneja a través de la droga y de las acciones delictivas de mayor gravedad, como rapiñas armadas y demás de alguna manera va a parar al entorno de los reclusos, para corromper todo el sistema de vigilancia.
Si se pretende encarar el tema carcelario a fondo, es necesario “comenzar por el principio”. En primer lugar, determinar con la mayor precisión posible que tipo de delito ha cometido cada recluso, para saber su peligrosidad.
No se puede seguir cometiendo el error de recluir personas procesadas por delitos primarios, o quizás jóvenes que han cometido un error, con aquellos autores de crímenes y otros delitos de gravedad que los ubican en los últimos escalones de la dignidad humana.
No es lo habitual, pero en algunas ocasiones se verifica esta situación.
Tampoco es aconsejable la existencia de determinadas celdas “vip”, para quienes manejan más dinero o han podido salvar del alcance de la Justicia todo o parte de lo logrado mediante los delitos cometidos.
Tengamos claro que las cárceles no deben ser lugares de tormento, pero tampoco hoteles de cinco estrellas. Si hay reclusos que destruyen lo que se les proporciona y complican de ex  profeso la situación para sacar provecho del traslado o de la confusión que pudiera establecerse, deben de ser responsabilizados de su accionar.
Hablemos claro: salvo algún caso muy puntual, quienes están en estas cárceles son los procesados por delitos más graves y no “inocentes corderos”, como suele mostrarse.
Alberto Rodríguez Díaz

Cinco meses de trabajo y siete millones de dólares demandará la reparación del Complejo Carcelario (ComCar), tras el amotinamiento registrado días atrás. No sólo se trata del daño del amoblamiento, la ropa de cama, colchones y demás, sino que también se ha destrozado hasta la edificación al menos en dos de los módulos donde se registró el motín.

Unido a esto, hay que señalar que mediante un llamado incluso a la comunidad, se logró reunir cierta cantidad de frazadas y de utensilios, como platos, que una vez entregados a los reclusos fueron inmediatamente  destruidos nuevamente.

En esta ocasión el Ministerio del Interior se puso firme, en cuanto a que no se repondrían los utensilios y los demás elementos que fueron destruidos de ex profeso por los reclusos amotinados.

El problema carcelario nunca ha sido debidamente encarado en nuestro país. Son contados con los dedos de una mano los casos de las personas que pasaron por una cárcel y la experiencia les sirvió para no volver a ella por el resto de su vida.

Es que todos sabemos -porque se lo ha señalado hasta el cansancio – las cárceles del país no sirven para recuperar a nadie, sino para hacer caer hasta el fondo del abismo a los que han delinquido.

De allí que en estos momentos sólo asistimos a un empuje más del delito y de las “estrategias” que siguen los propios reclusos para tratar de zafar de su reclusión. Hay nuevos elementos que hoy complican las cosas, el dinero que se maneja a través de la droga y de las acciones delictivas de mayor gravedad, como rapiñas armadas y demás de alguna manera va a parar al entorno de los reclusos, para corromper todo el sistema de vigilancia.

Si se pretende encarar el tema carcelario a fondo, es necesario “comenzar por el principio”. En primer lugar, determinar con la mayor precisión posible que tipo de delito ha cometido cada recluso, para saber su peligrosidad.

No se puede seguir cometiendo el error de recluir personas procesadas por delitos primarios, o quizás jóvenes que han cometido un error, con aquellos autores de crímenes y otros delitos de gravedad que los ubican en los últimos escalones de la dignidad humana.

No es lo habitual, pero en algunas ocasiones se verifica esta situación.

Tampoco es aconsejable la existencia de determinadas celdas “vip”, para quienes manejan más dinero o han podido salvar del alcance de la Justicia todo o parte de lo logrado mediante los delitos cometidos.

Tengamos claro que las cárceles no deben ser lugares de tormento, pero tampoco hoteles de cinco estrellas. Si hay reclusos que destruyen lo que se les proporciona y complican de ex  profeso la situación para sacar provecho del traslado o de la confusión que pudiera establecerse, deben de ser responsabilizados de su accionar.

Hablemos claro: salvo algún caso muy puntual, quienes están en estas cárceles son los procesados por delitos más graves y no “inocentes corderos”, como suele mostrarse.

Alberto Rodríguez Díaz

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En el Día Mundial de la Libertad de Prensa

La comunicación social en nuestro país tiene un gran debe, que en algún momento deberá subsanar.
Sigue descansando básicamente en quienes nos hemos formado en la práctica del periodismo, cuando aún no había en el país una licenciatura universitaria, ni las  posibilidades de capacitarse que hay en nuestros días.
Grandes periodistas se formaron en la época, anterior incluso a la cinta magnética, es decir antes de los famosos grabadores de voz y vaya si aportaron e incidieron en la formación de opinión, cuando mucho menos se soñaba con las redes sociales, Internet y demás.
Sin embargo, hoy es imprescindible tener determinado nivel de formación para desempeñarse aceptablemente.
La comunicación social ha dejado de ser de autodidactas, aunque siga en manos de éstos en la mayoría de los casos. En un rápido relevamiento de la situación que vemos a nuestro alrededor, podemos notar que es poco lo que se hace para jerarquizar el periodismo y el nivel de la comunicación social, como corresponde.
Pero también el Estado debe de atender más el tema. Le cabe una cuota parte importante a la hora de conceder, sobre todo el uso de ondas de radio, de señales de televisión o similares, no como censura, sino como aporte a elevar la calidad de la comunicación social.
Pensando en el mediano y largo plazo, y sobre todo en los jóvenes que se están preparando y formando en conocimientos, es importante prever que tengan un lugar en  los medios de comunicación social.
Hoy son pocos los medios que asignan importancia a la preparación y capacitación de sus plantillas de informativistas o de periodistas en general.
Es aún incipiente el esfuerzo que se hace para dar oportunidad a todo aquel que considera importante este aspecto, a que tenga posibilidades de prepararse y capacitarse.
La Libertad de Prensa es un bien social básico para la democracia, pero pasa también por quien o quienes la ejercen.
No compartimos la existencia de leyes de prensa que amordazan, atemorizan o impiden las expresiones populares, propias de los regímenes totalitarios, pero tampoco participamos de la idea de un libertinaje, donde se puede decir cualquier cosa, insultar  difamar, anónimamente o no, sin que nadie se haga responsable.
En estos casos la Justicia debería de conceder absolutamente todos los medios y recursos necesarios a las víctimas de difamación o injurias, para que puedan reclamar sus derechos.
Obviamente que también deben asistirse los mismos derechos y posibilidades a los periodistas y los ciudadanos en general.
Ejercer la Libertad de Prensa, con la responsabilidad que corresponde es la mejor forma de valorarla.
Alberto Rodríguez Díaz.

La comunicación social en nuestro país tiene un gran debe, que en algún momento deberá subsanar.

Sigue descansando básicamente en quienes nos hemos formado en la práctica del periodismo, cuando aún no había en el país una licenciatura universitaria, ni las  posibilidades de capacitarse que hay en nuestros días.

Grandes periodistas se formaron en la época, anterior incluso a la cinta magnética, es decir antes de los famosos grabadores de voz y vaya si aportaron e incidieron en la formación de opinión, cuando mucho menos se soñaba con las redes sociales, Internet y demás.

Sin embargo, hoy es imprescindible tener determinado nivel de formación para desempeñarse aceptablemente.

La comunicación social ha dejado de ser de autodidactas, aunque siga en manos de éstos en la mayoría de los casos. En un rápido relevamiento de la situación que vemos a nuestro alrededor, podemos notar que es poco lo que se hace para jerarquizar el periodismo y el nivel de la comunicación social, como corresponde.

Pero también el Estado debe de atender más el tema. Le cabe una cuota parte importante a la hora de conceder, sobre todo el uso de ondas de radio, de señales de televisión o similares, no como censura, sino como aporte a elevar la calidad de la comunicación social.

Pensando en el mediano y largo plazo, y sobre todo en los jóvenes que se están preparando y formando en conocimientos, es importante prever que tengan un lugar en  los medios de comunicación social.

Hoy son pocos los medios que asignan importancia a la preparación y capacitación de sus plantillas de informativistas o de periodistas en general.

Es aún incipiente el esfuerzo que se hace para dar oportunidad a todo aquel que considera importante este aspecto, a que tenga posibilidades de prepararse y capacitarse.

La Libertad de Prensa es un bien social básico para la democracia, pero pasa también por quien o quienes la ejercen.

No compartimos la existencia de leyes de prensa que amordazan, atemorizan o impiden las expresiones populares, propias de los regímenes totalitarios, pero tampoco participamos de la idea de un libertinaje, donde se puede decir cualquier cosa, insultar  difamar, anónimamente o no, sin que nadie se haga responsable.

En estos casos la Justicia debería de conceder absolutamente todos los medios y recursos necesarios a las víctimas de difamación o injurias, para que puedan reclamar sus derechos.

Obviamente que también deben asistirse los mismos derechos y posibilidades a los periodistas y los ciudadanos en general.

Ejercer la Libertad de Prensa, con la responsabilidad que corresponde es la mejor forma de valorarla.

Alberto Rodríguez Díaz.

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Que no sea motivo para el descanso

El hecho de que la Organización Internacional del trabajo (OIT), haya destacado a Uruguay a nivel de empleo, entre las “excepciones notables”, dado que ha podido aumentar la tasa de empleo sin comprometer la calidad del mismo, merece ser destacado.
No significa esto Uruguay sea la “panacea” del trabajo, ni mucho menos. Es más, los salarios medios siguen siendo bajos y los impuestos de todas maneras siguen castigando exageradamente a los salarios medios.
Esto sin desconocer que el IVA de nuestro país es el más alto de Latinoamérica, según los datos del FMI del año 2005, las alícuotas del IVA en América Latina eran éstas:
Argentina 21%; Bolivia 13% Brasil 11%; Chile 19%; Colombia 16%; Costa Rica 13%; República Dominicana 8%; Ecuador 12%; El Salvador 13%; Guatemala 12%; Jamaica y México 15%; Panamá y Paraguay 10% ; Perú 19%; Trinidad Tobago 15% y Uruguay 23%: Venezuela 15%.
Según el informe anual sobre el empleo en el mundo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado el lunes último, las condiciones actuales no permiten observar que la economía vaya a crecer en los próximos dos años al ritmo necesario para cubrir ese déficit y ofrecer empleos a los 80 millones de personas que habrán entrado en el mercado laboral en ese lapso.
Sin embargo, la situación de Uruguay se encuentra dentro de los países calificados como “excepciones notables” por la OIT debido a que escapan al patrón de deterioro del empleo y vienen logrando aumentar la tasa de empleo sin comprometer su calidad.
Cita, en particular, los casos de Austria, Bélgica, Brasil, Chile, Alemania, Indonesia, Perú, Polonia, Tailandia y Uruguay.
Aunque los analistas de la OIT recalcan una y otra vez que la situación más preocupante es la que se vive en Europa -responsable de dos tercios del aumento de la tasa de desempleo desde 2010-, también apuntan a la vulnerabilidad de países como Estados Unidos y Japón.
No se puede desconocer que en los últimos años Uruguay ha hecho un gran esfuerzo en este sentido y los resultados de los planes sociales, que apuntan a ganar en equidad han fortalecido planes destinados a capacitar y amparar en mayor grado a las personas que se encuentran desocupadas.
El desafío sigue pendiente y el hecho de haber dado algún paso en la dirección correcta, no es excusa para descansarnos en la tarea. Un trabajo digno es el mejor y mayor aporte que puede hacerse en la búsqueda de soluciones para los problemas sociales.
Aunque las mejoras no se pueden ver en el corto plazo, no tenemos dudas que a mediano o largo plazo podrán notarse.

El hecho de que la Organización Internacional del trabajo (OIT), haya destacado a Uruguay a nivel de empleo, entre las “excepciones notables”, dado que ha podido aumentar la tasa de empleo sin comprometer la calidad del mismo, merece ser destacado.

No significa esto Uruguay sea la “panacea” del trabajo, ni mucho menos. Es más, los salarios medios siguen siendo bajos y los impuestos de todas maneras siguen castigando exageradamente a los salarios medios.

Esto sin desconocer que el IVA de nuestro país es el más alto de Latinoamérica, según los datos del FMI del año 2005, las alícuotas del IVA en América Latina eran éstas:

Argentina 21%; Bolivia 13% Brasil 11%; Chile 19%; Colombia 16%; Costa Rica 13%; República Dominicana 8%; Ecuador 12%; El Salvador 13%; Guatemala 12%; Jamaica y México 15%; Panamá y Paraguay 10% ; Perú 19%; Trinidad Tobago 15% y Uruguay 23%: Venezuela 15%.

Según el informe anual sobre el empleo en el mundo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado el lunes último, las condiciones actuales no permiten observar que la economía vaya a crecer en los próximos dos años al ritmo necesario para cubrir ese déficit y ofrecer empleos a los 80 millones de personas que habrán entrado en el mercado laboral en ese lapso.

Sin embargo, la situación de Uruguay se encuentra dentro de los países calificados como “excepciones notables” por la OIT debido a que escapan al patrón de deterioro del empleo y vienen logrando aumentar la tasa de empleo sin comprometer su calidad.

Cita, en particular, los casos de Austria, Bélgica, Brasil, Chile, Alemania, Indonesia, Perú, Polonia, Tailandia y Uruguay.

Aunque los analistas de la OIT recalcan una y otra vez que la situación más preocupante es la que se vive en Europa -responsable de dos tercios del aumento de la tasa de desempleo desde 2010-, también apuntan a la vulnerabilidad de países como Estados Unidos y Japón.

No se puede desconocer que en los últimos años Uruguay ha hecho un gran esfuerzo en este sentido y los resultados de los planes sociales, que apuntan a ganar en equidad han fortalecido planes destinados a capacitar y amparar en mayor grado a las personas que se encuentran desocupadas.

El desafío sigue pendiente y el hecho de haber dado algún paso en la dirección correcta, no es excusa para descansarnos en la tarea. Un trabajo digno es el mejor y mayor aporte que puede hacerse en la búsqueda de soluciones para los problemas sociales.

Aunque las mejoras no se pueden ver en el corto plazo, no tenemos dudas que a mediano o largo plazo podrán notarse.

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