La comunicación social en nuestro país tiene un gran debe, que en algún momento deberá subsanar.
Sigue descansando básicamente en quienes nos hemos formado en la práctica del periodismo, cuando aún no había en el país una licenciatura universitaria, ni las posibilidades de capacitarse que hay en nuestros días.
Grandes periodistas se formaron en la época, anterior incluso a la cinta magnética, es decir antes de los famosos grabadores de voz y vaya si aportaron e incidieron en la formación de opinión, cuando mucho menos se soñaba con las redes sociales, Internet y demás.
Sin embargo, hoy es imprescindible tener determinado nivel de formación para desempeñarse aceptablemente.
La comunicación social ha dejado de ser de autodidactas, aunque siga en manos de éstos en la mayoría de los casos. En un rápido relevamiento de la situación que vemos a nuestro alrededor, podemos notar que es poco lo que se hace para jerarquizar el periodismo y el nivel de la comunicación social, como corresponde.
Pero también el Estado debe de atender más el tema. Le cabe una cuota parte importante a la hora de conceder, sobre todo el uso de ondas de radio, de señales de televisión o similares, no como censura, sino como aporte a elevar la calidad de la comunicación social.
Pensando en el mediano y largo plazo, y sobre todo en los jóvenes que se están preparando y formando en conocimientos, es importante prever que tengan un lugar en los medios de comunicación social.
Hoy son pocos los medios que asignan importancia a la preparación y capacitación de sus plantillas de informativistas o de periodistas en general.
Es aún incipiente el esfuerzo que se hace para dar oportunidad a todo aquel que considera importante este aspecto, a que tenga posibilidades de prepararse y capacitarse.
La Libertad de Prensa es un bien social básico para la democracia, pero pasa también por quien o quienes la ejercen.
No compartimos la existencia de leyes de prensa que amordazan, atemorizan o impiden las expresiones populares, propias de los regímenes totalitarios, pero tampoco participamos de la idea de un libertinaje, donde se puede decir cualquier cosa, insultar difamar, anónimamente o no, sin que nadie se haga responsable.
En estos casos la Justicia debería de conceder absolutamente todos los medios y recursos necesarios a las víctimas de difamación o injurias, para que puedan reclamar sus derechos.
Obviamente que también deben asistirse los mismos derechos y posibilidades a los periodistas y los ciudadanos en general.
Ejercer la Libertad de Prensa, con la responsabilidad que corresponde es la mejor forma de valorarla.
Alberto Rodríguez Díaz.
La comunicación social en nuestro país tiene un gran debe, que en algún momento deberá subsanar.
Sigue descansando básicamente en quienes nos hemos formado en la práctica del periodismo, cuando aún no había en el país una licenciatura universitaria, ni las posibilidades de capacitarse que hay en nuestros días.
Grandes periodistas se formaron en la época, anterior incluso a la cinta magnética, es decir antes de los famosos grabadores de voz y vaya si aportaron e incidieron en la formación de opinión, cuando mucho menos se soñaba con las redes sociales, Internet y demás.
Sin embargo, hoy es imprescindible tener determinado nivel de formación para desempeñarse aceptablemente.
La comunicación social ha dejado de ser de autodidactas, aunque siga en manos de éstos en la mayoría de los casos. En un rápido relevamiento de la situación que vemos a nuestro alrededor, podemos notar que es poco lo que se hace para jerarquizar el periodismo y el nivel de la comunicación social, como corresponde.
Pero también el Estado debe de atender más el tema. Le cabe una cuota parte importante a la hora de conceder, sobre todo el uso de ondas de radio, de señales de televisión o similares, no como censura, sino como aporte a elevar la calidad de la comunicación social.
Pensando en el mediano y largo plazo, y sobre todo en los jóvenes que se están preparando y formando en conocimientos, es importante prever que tengan un lugar en los medios de comunicación social.
Hoy son pocos los medios que asignan importancia a la preparación y capacitación de sus plantillas de informativistas o de periodistas en general.
Es aún incipiente el esfuerzo que se hace para dar oportunidad a todo aquel que considera importante este aspecto, a que tenga posibilidades de prepararse y capacitarse.
La Libertad de Prensa es un bien social básico para la democracia, pero pasa también por quien o quienes la ejercen.
No compartimos la existencia de leyes de prensa que amordazan, atemorizan o impiden las expresiones populares, propias de los regímenes totalitarios, pero tampoco participamos de la idea de un libertinaje, donde se puede decir cualquier cosa, insultar difamar, anónimamente o no, sin que nadie se haga responsable.
En estos casos la Justicia debería de conceder absolutamente todos los medios y recursos necesarios a las víctimas de difamación o injurias, para que puedan reclamar sus derechos.
Obviamente que también deben asistirse los mismos derechos y posibilidades a los periodistas y los ciudadanos en general.
Ejercer la Libertad de Prensa, con la responsabilidad que corresponde es la mejor forma de valorarla.
Alberto Rodríguez Díaz.