Para entendernos

Cuando aún no ha llegado felizmente a nuestro país, el denominado coronavirus, que se ha extendido rápidamente conformando una verdadera pandemia y ha matado ya a más de 3.000 personas en China, es importante aclarar algunos puntos.
En primer lugar, entendemos que el país está aceptablemente preparado para enfrentar la llegada de este virus que ya se encuentra incluso en los dos países más cercanos.
En segundo lugar, dicho esto con todo respeto, el pueblo uruguayo ignora a que se enfrenta. Como en el caso del dengue, de la leishmaniasis y de otras enfermedades graves y contagiosas, la población en su gran mayoría sigue obrando como si se estuviera a salvo, haga lo que se haga.
Esta es precisamente la mejor forma de propender a la propagación del virus cuando se halle entre nosotros. No con esto pretendemos crear alarma social, ni una preocupación exagerada, pero es necesario tener muy claro a que nos enfrentamos y qué es lo mejor que podemos hacer en esta situación.
El coronavirus es hasta el momento algo que vemos como muy distante de nosotros, aunque bastante riesgoso. Sin embargo no hemos sabido de que se hayan tomado medidas para controlar debidamente a quienes viajan a la nación afectada o provienen de allí.
Uruguay es un país sanitariamente aceptable, una de las naciones que puede mostrar muy buenos indicadores precisamente por las acciones llevadas a cabo en los últimos años.
Si bien la mayoría de estas medidas solo han sido “vistas pasar” por la población que desaprensivamente sigue teniendo conductas inapropiadas. Basta ver como se obra con respecto a los posibles reservorios de agua, tapitas neumáticos y hasta plantas que acumulan agua limpia para darse cuenta de que hablamos.
En relación a la Leishmaniasis visceral (uno de los tipos más temibles y con mayor índice de mortalidad de Leishmaniasis) tampoco se ha hecho demasiado. En este caso quizás sea más entendible, pero no por ello justificable. Es que todo perro que de positivo al control de la enfermedad, la ley establece que debe ser sacrificado, porque no hay cura ni tratamiento eficaz.
Entendemos más estos casos, porque sabemos que ordenar la muerte de una mascota que se ha criado con nuestros hijos o nietos no es fácil.
Convengamos entonces que la acción debe ser encaminada a la prevención, pero a nuestro entender con mucho más énfasis del que se muestra hoy porque siempre será mejor prevenir que curar, sobre todo cuando no hay curación conocida.
Estamos a tiempo.

A.R.D.