Patrimonio: la memoria debe ser viva e integrada

La demolición del emblemático edificio del hotel San Rafael en Punta del Este, Maldonado y de otras residencias, no menos emblemáticas de aquel lugar tan apetecido por parte de los argentinos y visitantes en general, despertó una gran polémica.
El hotel San Rafael fue por muchos años un verdadero símbolo del lugar. Marcó Punta del Este como uno de los lugares más privilegiados de la costa uruguaya enmarcado en construcciones palaciegas.
Ahora bien, desde hace varios años el gran hotel se ha ido deteriorando por falta de mantenimiento al punto que actualmente aparece abandonado, con un aspecto lastimoso y aun hallándose en un punto estratégico del lugar no da otra imagen que la del deterioro y abandono al que está sometido.
Cuando trasciende un proyecto para recuperarlo y transformarlo en un moderno hotel, surgen al mismo tiempo las voces que pretenden conservarlo como símbolo y emblema de los primeros tiempos del balneario.
Esta discusión se ha planteado desde hace muchos años. En el fondo se trata del concepto a tener en cuenta en materia de patrimonio.
Es un concepto que los uruguayos debiéramos haber laudado hace ya muchos años. El patrimonio nacional pasa por aquellos emblemas cuya sola presencia nos retrotrae a la memoria épocas o hechos memorables, que debieran permanecer en la memoria del pueblo.
Ahora bien. En primer lugar, no toda edificación, ni todo elemento, tangible o no, reúne las condiciones necesarias para ser declarado patrimonio, porque si así fuera nos hallaríamos estancados en el pasado, sin posibilidades de actualizarnos y de construir nuestros propios emblemas de las nuevas épocas.
En segundo lugar, somos de los que pensamos que todo lo que constituye patrimonio nacional requiere de la atención y los cuidados necesarios para que cumplan una función aún viva en la memoria popular.“Esto es, tener edificaciones u otros elementos declarados patrimonio nacional o departamental, sin dedicarles los cuidados necesarios, no es de recibo.
Tenemos varios de estos elementos que avalan lo que decimos.
El simple amontonamiento de elementos, así sean emblemáticos símbolos de un pasado venturoso, no justifica esta declaración.
A la prueba está que Salto tiene algunos edificios declarados patrimonio, como el propio mercado 18 de julio, que data del 1800 y sin embargo permanece casi que totalmente ocioso, sin los cuidados correspondientes y sobre todo sin configurar un elemento vivo y activo en la memoria popular.
En definitiva los uruguayos debemos decidir lo que constituye patrimonio, no sólo para conservarlo sino esencialmente para que permanezcan vivos en la memoria popular e integrados a ella.
A.R.D.







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