Peloduro y Amorim, dos grandes que siguen Olvidados

Enrique Amorim y Julio César Suárez Sedraschi “Peloduro”, son sin lugar a dudas dos insignes coterráneos que “disfrutaron” durante muchas décadas de la ignorancia, por no decir lisa y llanamente el rechazo, no sólo de los salteños, sino probablemente de la enorme mayoría de sus compatriotas.

Recién entrados en años (aunque ambos murieron jóvenes, a los 60 años Amorim y a los 56 Suárez Sedraschi), comenzaron a recoger el reconocimiento de sus compatriotas.

Este rechazo, a pesar de ser artistas de enorme relevancia, cada uno en lo suyo, tiene una explicación, difícil de entender hoy, pero de tremenda fuerza en su época, que fue la misma. Ambos eran políticamente de izquierda, ideas sumamente “atrevidas” para aquellos años. Suárez Sedraschi no ocultaba su militancia en el Partido Comunista Uruguay y Amorim, también era conocido por ser al menos de izquierda.

El año anterior ambos recibieron el reconocimiento de sus compatriotas, pero Salto sigue sin hacerles el gran homenaje que se merecen porque más allá de su ideología, fueron artistas que dejaron un gran aporte.

Amorim a través de sus obras, plásticas y literarias incluso, pero además a través de su labor como patrocinante de talleres de formación de otra pléyade de artistas formados en Salto.

Suárez Sedraschi, que ha sido considerado un “poeta del humor nacional” (Rosario Peyrou, “El País” Cultural), fue un maestro de enorme gravitación en el humor gráfico, identificando generaciones enteras en los personajes de sus dibujos. Nadie como él tuvo tanta adhesión popular.

Pero la misma Peyrou en la nota que mencionamos recuerda que “A pesar del enorme éxito de público, la aventura de (la revista) Peloduro estuvo sembrada de dificultades económicas que la hicieron interrumpirse por dos veces. Debió cerrar en 1951 y no volvería hasta 1955, en una breve reaparición que duró apenas unos meses. Cuando en 1964 volvió a salir, Suárez prometió que, si la revista no llegaba a 1973, se comerían “un chancho con plumas”.

Es curioso que haya elegido el año 1973 como meta, porque fue justamente ése el año en que murió definitivamente el mundo que él supo pintar. Lo cierto es que cumplió su promesa: en el último número aparecen la imagen de la parrilla con el cerdo emplumado y otra del equipo de la revista comiendo el asado embanderillado de plumas. Amigo de Quijano desde la primera hora, Suárez siguió colaborando en Marcha hasta su muerte, ocurrida en 1965, un año después del cierre de su revista”.

Salto debe llevar a estos dos grandes al sitial que les corresponde, es de justicia hacerlo y desde aquí seguiremos reclamándolo.







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