Pequeñas grandes cosas

La democracia se construye y a veces con pequeñas cosas, para algunos irrelevantes, para nosotros trascendentes.
Veamos. En varias oportunidades comprobamos que personas que han sacado número para ser atendidas en un servicio, público o privado, ya sea porque demora mucho la atención, porque tienen otro compromiso o cualquier otro motivo, no pueden seguir esperando y optan por retirarse.
Seguramente con la mejor buena voluntad, en lugar de llevarse o destruir el número que tenían, optan por depositarlo, generalmente sobre el aparatito donde se obtienen los números.
Consecuencia de esto, es que una persona que llega por último, a veces cuando hay varias esperando, puede ser atendida mucho antes que las demás.
¿Esto es justo?. ¿Se puede considerar una buena costumbre?.
Decididamente no. Es más, consideramos que no sólo es injusto, sino que daña el concepto de democracia.
Es lo mismo que la tradicional “avivada” del “conocido” que llega y desconoce la “cola”, porque es amigo del cajero o de quien está atendiendo y sabe que lo va a atender.
Peor aún es cuando se trata de un jerarca o de un hombre “importante”, al cual el funcionario está sometido a jerarquía o en alguna medida dependiendo de él.
En algún ámbito externo al trabajo. El funcionario debe tener debidamente claras las cosas para  explicarle, con amabilidad, pero también con toda firmeza, que por una razón de respeto a todas las demás personas que están esperando, no puede atenderle sin número.
Solo comprendemos y aceptamos, por razones humanitarias, cuando se trata de casos muy especiales, mujeres en estado de gravidez muy avanzada o  ancianos. Incluso  las mujeres “con bebés en brazos”, no siempre son atendibles, porque lamentablemente conocemos casos de bebés “prestados” exclusivamente con este propósito.
A su vez los jerarcas de esos funcionarios, con denuncia o sin denuncia, deben observar a quienes tienen una conducta incorrecta en la materia.
Los hombres públicos y especialmente los políticos, deberían ser los primeros e irrestrictos defensores de la democracia, sistema del cual dependen ellos antes que nadie. Su ejemplo es imprescindible en la educación del pueblo en esta materia.
Como representantes de la ciudadanía, les cabe – función que comparte con los medios de comunicación – la denuncia de hechos irregulares, incorrectos porque es lo que corresponde.
Se nos ha preguntado en este sentido, entonces ¿es justo lo que hacen las mensajerías?, obteniendo número que se les encarga. Bien, cuando los logran haciendo las colas como corresponde, es justo. Quien no puede o no quiere hacer la cola  paga un servicio y quien lo vende, hace lo que corresponde, respetando el derecho de los demás.
Inadmisible, sería que los servicios les concedieran estos números o lugares en forma “privilegiada”, por “amiguismo” desconociendo el derecho de los demás.
Hay que saber que la democracia se construye, se gana y no se concede graciosamente.
En bien de todos, hagámosla respetar.
¿Nos vamos entendiendo?.