Poco de inocencia, mucho de riesgo

Viendo el “halloween” sólo como una fiesta de disfraces y sin entrar en sus orígenes (seguramente lo más importante), entendemos que se trata de una fiesta que tiene poco de inocencia y mucho de riesgo.

Precisamente por estos días en el norte de Francia han aparecido personas disfrazadas de payasos, que van armados y despiertan mucha preocupación entre las autoridades.

Si la fiesta se limitara a ser una estricta celebración infantil no tendría más importancia que cualquier otra jornada de diversión. Sin embargo el hecho de que frecuentemente se convierta en una festividad que reúne a jóvenes e incluso a personas de mas edad, aumenta su nocividad. No por el hecho de incluir a jóvenes, sino esencialmente porque bajo el disfraz se oculta toda clase de personas, los que son movidos por la sana diversión, como aquellos delincuentes con aviesas intenciones.

Cualquier fiesta masiva de disfraces conlleva un alto riesgo en este sentido y los organismos de seguridad lo saben. De hecho en los carnavales de Brasil o algunas fiestas de disfraces que se realizan en Argentina y otros países de la región, se han registrado cruentos crímenes que resultan impunes precisamente debajo de los disfraces.

Aunque en nuestro felizmente no es esta la realidad que tenemos, vamos en ese camino. A la prueba está que en el adelanto de la fiesta de Halloween, realizado el fin de semana anterior, un joven fue ferozmente golpeado por otros disfrazados, que le causaron serias consecuencias en el rostro y otras partes del cuerpo y hasta hoy no se sabe quienes fueron los agresores.

Pero aún sin tener este alcance, el sólo hecho de replicar en nuestro país fiestas absolutamente foráneas y provenientes de tierras muy lejanas, es contraproducente. Nos mete en una globalización que sin conocer fehacientemente nos involucra en algo de lo que no tenemos una idea acabada, detallada de que és y a qué responde.

La fiesta de la muerte, como es en definitiva el Hallowen, no es algo realmente sentido y compartido con nuestra idiosincracia. No nos alegramos por la muerte física, ni siquiera quienes creemos que existe otra vida, que no todo se termina con la pascua de esta vida a la otra.

Podemos incluso aplaudir a quien se va por lo que sembrado y nos ha regalado con su vida, pero esto no quiere decir que el hecho deno tener mas a esa persona entre nosotros sea motivo de fiesta y de alegría.

Fuimos criados para la vida, es ésta la que debemos saber festejar y no la muerte.

En suma, NO a la muerte.

SI a la vida.

Es lo que pensamos y es lo que sentimos.

iendo el “halloween” sólo como una fiesta de disfraces y sin entrar en sus orígenes (seguramente lo más importante), entendemos que se trata de una fiesta que tiene poco de inocencia y mucho de riesgo.
Precisamente por estos días en el norte de Francia han aparecido personas disfrazadas de payasos, que van armados y despiertan mucha preocupación entre las autoridades.
Si la fiesta se limitara a ser una estricta celebración infantil no tendría más importancia que cualquier otra jornada de diversión. Sin embargo el hecho de que frecuentemente se convierta en una festividad que reúne a jóvenes e incluso a personas de mas edad, aumenta su nocividad. No por el hecho de incluir a jóvenes, sino esencialmente porque bajo el disfraz se oculta toda clase de personas, los que son movidos por la sana diversión, como aquellos delincuentes con aviesas intenciones.
Cualquier fiesta masiva de disfraces conlleva un alto riesgo en este sentido y los organismos de seguridad lo saben. De hecho en los carnavales de Brasil o algunas fiestas de disfraces que se realizan en Argentina y otros países de la región, se han registrado cruentos crímenes que resultan impunes precisamente debajo de los disfraces.
Aunque en nuestro felizmente no es esta la realidad que tenemos, vamos en ese camino. A la prueba está que en el adelanto de la fiesta de Halloween, realizado el fin de semana anterior, un joven fue ferozmente golpeado por otros disfrazados, que le causaron serias consecuencias en el rostro y otras partes del cuerpo y hasta hoy no se sabe quienes fueron los agresores.
Pero aún sin tener este alcance, el sólo hecho de replicar en nuestro país fiestas absolutamente foráneas y provenientes de tierras muy lejanas, es contraproducente. Nos mete en una globalización que sin conocer fehacientemente nos involucra en algo de lo que no tenemos una idea acabada, detallada de que és y a qué responde.
La fiesta de la muerte, como es en definitiva el Hallowen, no es algo realmente sentido y compartido con nuestra idiosincracia. No nos alegramos por la muerte física, ni siquiera quienes creemos que existe otra vida, que no todo se termina con la pascua de esta vida a la otra.
Podemos incluso aplaudir a quien se va por lo que sembrado y nos ha regalado con su vida, pero esto no quiere decir que el hecho deno tener mas a esa persona entre nosotros sea motivo de fiesta y de alegría.
Fuimos criados para la vida, es ésta la que debemos saber festejar y no la muerte.
En suma, NO a la muerte.
SI a la vida.
Es lo que pensamos y es lo que sentimos.






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