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Por el bien de la democracia y de los uruguayos

Al comenzar a escribir estas líneas tenemos muy claro que su lectura despertará tantas adhesiones como rechazo, pero en el entendido que esto no obsta en cada caso a expresar opiniones, las habremos de plasmar de todos modos.
Se trata de la decisión del expresidente José Mujica, un político que surgió de los niveles más carenciados de la población uruguaya, en tanto se formó siendo feriante y florista, vale decir, productor y comerciante de flores en la capital.
Como todo hombre político ha sabido despertar las mayores pasiones de adhesión a su causa y sus ideas y también como nadie ha cosechado un cúmulo de rechazo, sobre todo por su pasaje en el Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros.
Así ha sido tanto en nuestro país como más allá de fronteras, donde el libro sobre la vida de Mujica “Una Oveja Negra al Poder”, figura entre los más vendidos a nivel global, pero también allí se han escuchado las críticas más duras y tajantes contra su persona.
Sin embargo hay un aspecto que constituye su principal fortaleza y ha sido el elemento que coadyuvó para que hasta el rey de España se interesara por visitarlo y estuviera sentado en un modesta silla de su chacra de Rincón del Cerro, en Montevideo, y es su coherencia de vida, que lo lleva a vivir en la pobreza material, sin lujos, ni otras comodidades siquiera.
Mujica ha renunciado a su banca en la Cámara Alta y al hacerlo tuvo otro gesto de grandeza, el último quizás de su vida política, lo hizo por propia voluntad, entendiendo que llega ya a su última etapa en la vida política (tras un largo recorrido) ha dicho y por este motivo es consciente que también reniega de la posibilidad de cobrar el subsidio establecido en el sistema, que alcanza a los dos años, cuando un legislador es expulsado del sistema por otros motivos.
El optó por una jubilación que obviamente es bastante menos de lo que le correspondería como legislador.
Al renunciar Mujica también tuvo otro gesto de grandeza, solicitó disculpas a todos los que de alguna u otra manera pudieran haberse sentido agraviados por él y esto fue reconocido sólo por un legislador de la oposición, porque los demás optaron por el silencio, por la indiferencia, en una posición respetable, pero que no compartimos por supuesto.
Para nosotros y sin que esto signifique adhesión ideológica alguna, porque entendemos que su gobierno no fue todo lo bueno que era de esperar, por el bien de la democracia uruguaya y por el bien del país todo, ojalá aparecieran más mujicas, sin ambiciones económicas, sin codicia y sin aspiraciones de enriquecimiento en la política, enquistados cual verdaderos “zánganos” en el sistema.
Alberto Rodríguez Díaz