Por el buen camino

Seguramente las actividades de verano del hoy llamado “Verano Educativo”, es uno de los pocos programas que ha sido implementado y mantenido más allá de los gobiernos de turno y constituye uno de los mayores aciertos en el rubro. Es más a nuestro criterio debería de perfeccionarse y extenderse.
Diríamos que es una de las piedras angulares del rubro, en cuanto a que la inactividad veraniega es la que tradicionalmente ha fomentado el ocio y la vagancia entre los niños y jóvenes que una vez terminadas las clases, en su mayoría se “olvidan de los libros”, aún cuando tengan materias para rendir exámenes.
Las actividades veraniegas que se han implementado a través de este programa, que consisten fundamentalmente en actividades lúdicas y extra curriculares, resultan a nuestro entender tan importantes o más aún que estas en la formación de niño.
Es que muchas veces en las aulas el niño escucha hablar de lugares y otras cosas que nunca llega a conocer. Nos explicamos, hemos sabido de niños montevideanos que no conocen el mar, a pesar de que viven muy cerca de él, porque el Río de la Plata, a pesar de ser de agua dulce tiene mucha similitud con el mar.
Ni que hablar de los niños de las escuelas públicas particularmente, del interior de la República y también algunos de los alumnos de escuelas privadas, que escuchan hablar de muchos de los atractivos que tiene el país, pero nunca les conocen.
Días pasados se puso en práctica en el país un nuevo “Verano Educativo”, que comprende campamentos, muchos juegos y otras actividades beneficiosas para los escolares.
Aún cuando se trate sólo de algunas semanas, el aporte de estas actividades a la formación del niño es muy alto. Tan es así que tenemos entendido hay muy pocas inasistencias de los niños que se inscriben para participar de estas actividades, pese a que las mismas son totalmente voluntarias.
Es que esto demuestra cual es el camino correcto en materia de educación. No se trata tanto de obligar a los niños y sus padres de que los envíen a la escuela, sino de darles las condiciones adecuadas, en el momento oportuno y de responder a sus expectativas.
Ningún campo mejor para sembrar la semilla educativa que un alumno motivado, interesado en lo que se le esta enseñando y de la forma que más se aproxime a su interés.
Entendemos que en materia educativa no siempre se trata de conceder al niño todo lo que le antoje o lo que sus caprichos, hoy tan actuales se les ocurra, pero nada mejor tampoco que aproximarse lo más que se pueda a ello, sabiendo que de esta manera es más probable que se despierte su interés y su motivación en lo que se procura inculcarle.
A.R.D.