Por Justicia: trabajar para convencer y no someter

El tema de la seguridad o inseguridad como se prefiere llamarlo en nuestros días, no sólo ha confirmado ser el talón de Aquiles (punto vulnerable del guerrero según la mitología griega), sino que ha demostrado que no depende de quien esté en el poder para manifestarse en toda su crueldad.
Hay diferentes conceptos a la hora de buscar una solución de fondo. Desde quienes entienden que endureciendo las penas y aplicando la denominada “Ley del Talión” (ojo por ojo y diente por diente), hasta quienes exagerando la benevolencia entienden que lo que debe hacerse es dedicarse a “reeducarlo”, asumiendo que son las condiciones sociales las que lo vuelven ruin y asesino al individuo.
En medio de estos dos conceptos aparecen infinitos puntos intermedios. Desde quienes prefieren seleccionar los individuos “reeducables”, hasta quienes prácticamente piden pena de muerte para quienes cometen determinados delitos.
Somos de los que entendemos que ni una cosa ni la otra en cuanto a los extremos. En buena medida el sistema y las condiciones que ofrece la sociedad influye en la formación del individuo y también es cierto que existen personas cuya “reeducación” es casi humanamente imposible, por la sencilla razón que ellos no tienen interés en reeducarse.
Ya están a tal punto deformados que sienten rechazo hacia todos los “normales”, vale decir a quienes viven, trabajan y desempeñan su rol “normalmente” en la sociedad.
Este odio es el que puede explicar (jamás justificar), los apedreos a los ómnibus, los atracos a las ambulancias e incluso los crímenes aberrantes que se cometen y se trata de hallarles una “explicación” sensata.
Quienes procuran razonar con la cordura que el tema impone, se preguntan ¿no piensan que quizás esa ambulancia o esos médicos van a asistir a un familiar de ellos mismos?
Es que no se trata del mundo de la razón, sino del que de alguna manera les hemos inculcado “lo importante es tener y no importa la forma en que lo obtengas…”
Claro está que en los hechos hoy nadie se hace responsable de esto, pero cuando se incentiva el consumo, cuando se “endiosa” al que tiene riquezas materiales, un buen coche, un buen pasar etc etc., indirectamente se está incentivando a llegar a esto y no importa “como se lo haga”. Rige el “hacé la tuya…”
Debería ser lo primero a analizar y revisar, porque de otra forma nunca lograremos una salida aceptable, pues sólo estaríamos poniéndole parches de agua fría al dolor de cabeza de un enfermo terminal.
“Aprendámoslo de una vez”
A.R.D.