Por lo menos merece una revisión

Lo sucedido en la Escuela Militar de Toledo, aún suponiendo que no haya sido nada “fuera de lo común”, merece al menos una revisión profunda.
¿Se justifica que Uruguay mantenga esta severidad en las pruebas militares?.
¿Es necesario llegar a tal grado?.
Es indudable que las fuerzas de paz del Uruguay hacen un aporte en aquellos conflictos donde la ONU dispone su presencia, pero seria tonto ignorar también que el gran atractivo para quienes participan en estas misiones es lograr un rendimiento económico que de otra manera para ninguno de ellos estaría a su alcance nunca.
Cada uno de los efectivos que va a estas misiones lleva esta meta y arriesgar la vida es un elemento propio de lo que es la vida militar.
Ahora bien, ¿ en qué medida se justifica la pérdida, así sea de una sola vida, no en combate, sino en el adiestramiento de estos jóvenes uruguayos?.
Personalmente no lo compartimos.
Primero porque no nos gusta que se tome la guerra como un negocio, porque los soldados y los pueblos son el último escalón de esta escalera, los que ponen los muertos. Por las balas o por el hambre, que también es consecuencia de la vergonzosa carrera armamentista.
En la cima de esta escalera están los grandes señores, las grandes multinacionales, las poderosas naciones que fabrican las armas, que embolsan enormes riquezas sin siquiera disparar una bala de salva.
Esto es lo que hay que entender. Cuando la guerra se vuelve un negocio todo se justifica, incluso la muerte de un compañero de armas, entre sus propios pares, sin que nadie se  arriesgue a salvarlo, porque esto supondría perder la prueba que está rindiendo.
Y no nos gusta porque no siempre surgen posibilidades de que las tropas uruguayas integren las misiones de paz y por lo tanto se forma determinada “mano de obra ociosa”, mentalizada para lograr objetivos por encima de cualquier obstáculo y al no tener estas posibilidades en el exterior pueden pensar en utilizarla dentro de su propio país, de esto lamentablemente hay experiencias muy amargas en tierras  cercanas y tiempos no muy lejanos.
No nos gusta además porque preferimos darles a todos los jóvenes uruguayos la posibilidad de estudiar, o de formarse en un oficio, para construir su vida en paz, lejos de las armas de guerra y comprometidos responsablemente en la defensa de la vida en todas sus manifestaciones.
Quisiéramos tener al menos la certeza de que los jóvenes que optan por este camino de mercenarios saben muy bien qué es lo que están eligiendo.
A.R.D.