Por qué NO más atribuciones a los militares Es fácil sacarlos a las calles, lo difícil es exigirles que vuelvan a sus cuarteles

Cuando a principios de la década del setenta hacíamos nuestras primeras armas como periodista en diario EL PUEBLO, fuimos testigos de años difíciles.
Años en los que observamos sencillamente como la mayoría de la población, pedía “mano dura” y la intervención de los militares para detener acciones delictivas que se consumaban día a día.
Hubo civiles que llegaron incluso a golpear la puerta de los carteles pidiendo la intervención militar. Recordamos a un conocido hacendado – ya fallecido – que recorría la ciudad en su jeep verde olivo y se vestía como militar, botas incluidas. Cuando llegaba al cuartel los militares le hacían la venia como si fuera un jerarca más. Era amigo del jefe de turno del cuartel y de allí el respeto que despertaba para satisfacción de su deformado ego.
Observamos también quienes eran los “comunistas”, los “tupamaros” y los “subversivos” perseguidos y como conocíamos a algunos sabíamos que algo “no cerraba”.
Resultaba difícil entender “por qué” eran considerados indeseables. Pronto notamos como el poder corrompía también la cúpula militar y obviamente que no había derecho alguno, ni existía periodista alguno capaz de interrogar, de hurgar y profundizar en lo que sostenían los comunicados militares o sus voceros, sin sufrir las consecuencias.
Hubo periodistas perseguidos y “condenados” por pensar distinto y también “mimosos” que tenían fuentes directas en los cuarteles y en la dictadura, porque sencillamente transcribían lo que se les “informaba”.
Comenzamos a mirar más detenidamente a quienes tenían siempre primero las informaciones y entendimos que para ello era necesario “vender su alma al diablo”, nada de preguntar, nada de hurgar y profundizar.
Aún recordamos cuando recién comenzaban a aparecer cuerpos en la costa de Rocha, que el mar traía y preguntamos a un periodista capitalino que conocíamos y le sabíamos afín a los militares, de qué se trataría. Con total desparpajo nos dijo: “seguramente producto de algún motín en uno de esos pesqueros coreanos que andan por ahí, y en los que suelen ser frecuentes los motines”.
Ninguna posibilidad de ir más allá. No existía ese derecho. No existía la ley de Acceso a la Información Pública.
Es más, pronto se “barrieron” los restantes derechos y luego se supo de los famosos “vuelos de la muerte”, en los que se arrojaban al mar detenidos, hoy desaparecidos.
Se entenderá ahora por qué NO comparto el proyecto de sacar a los militares de sus cuarteles.
Sí entiendo necesario “aggiornar” las leyes, capacitar debidamente a los jueces para que asuman el riesgo de error al autorizar un allanamiento nocturno, alcance que entendemos que hoy se hace necesario, pero en forma provisoria y con el menor riesgo de error posible. Además entiendo imprescindible capacitar y darle a la policía las atribuciones necesarias para combatir con éxito el delito que hoy no es el mismo que en 1830, cuando se firmó la Constitución de la República, que entre otras cosas prohibía los allanamientos nocturnos.
Hoy en los asentamientos y barrios “complicados” existen “boquetes” para pasarse de una casa que estén allanando a otra. No tanto las personas, pero si las “mochilas” con droga o armas de las “bocas”.
Existe la urgente necesidad de tomar medidas para enfrentar con éxito la situación, para detener los crímenes, rapiñas y copamientos, pero no sea que con el propósito de combatir el delito larguemos a la calle un monstruo mayor aún, porque esta película ya la vimos y la seguimos lamentando.
Primero sepamos donde están los detenidos desparecidos, quienes y como los hicieron “desaparecer”, porque esto señores, son crímenes, asesinatos, que también siguen impunes.
Alberto Rodríguez Díaz







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