Por un mundo sin olvidados

Siguiendo con el tema de la vivienda, para nosotros uno de los más acuciantes de nuestros días. Digamos que es muestra del gran desorden y la improvisación que hemos tenido y seguimos teniendo no sólo aquí sino en todo el país. Mal que nos pese la aparición de los cada vez más frecuentes asentamientos son consecuencia de ello .
Las jóvenes parejas que se forman en nuestros días sufren poco a poco esta realidad y obviamente que las que menos posibilidades tienen de resolver satisfactoriamente el problema son las que menos tienen, para decirlo sin eufemismos, las parejas de mayor pobreza material.
Esto determina que la salida – nos resistimos a llamarle solución – a esta realidad es afincarse, con lo que se tiene y en el primer lugar que se encuentre cuyos propietarios no están visibles o bien sean lugares públicos.
Esto obviamente que crea un gran desorden, una improvisación de tal grado que en realidad origina asentamientos y hacinamientos similares donde las problemáticas se multiplican, los servicios son pocos o inexistentes y la forma de hacerse un lugar generalmente es “a lo codazos”, léase mediante formas violentas, discusiones, agresiones o similares.
Salto no escapa a esta realidad y quien crea que este es un problema sólo de gente que está fuera de la ley se equivoca. Una sociedad individualista, la que promueve el bienestar y el placer individual, exhortándose a olvidar a los demás, obviamente que genera estos “bolsones” de rencor, de violencia y de resentimientos, en los que se vive con muchas penurias y a nadie se le ocurra convencer a los habitantes de estos lugares que “la vida es agradable, es un regalo y es placentero sencillamente vivir el día a día…”, porque no es su caso precisamente.
Se nos dirá que el Estado no tiene por qué hacerse cargo de quienes no han querido estudiar o prepararse para la vida, de quienes no han sido prolijos para presentarse a un trabajo o no se han disciplinado lo suficiente como para tener otras posibilidades.
Es una verdad a medias, porque también cabe preguntarse en qué medida han tenido ellos la posibilidad de hacerlo. No se trata sólo de tener un sistema gratuito, sino que integrarlos a él y para ello necesita alimentarse, vestirse y tener las mismas posibilidades que los demás, aspectos que generalmente no se ven, pero vaya si se sufren.
Por ejemplo, es difícil que un o una adolescente se concentre en los estudios si sabe que en su casa su madre o sus hermanos en esos momentos pasan hambre o sufren otro tipo de penurias.
¿Se hace cargo el Estado de estas situaciones? ¿Está en conocimiento de la situación social de cada alumno? ¿Se preocupa el sistema por saber y conocer más en detalle la problemática de cada alumno?
Cómo se verá una problemática muy difícil y si hay una cosa que no debemos hacer es sentirnos totalmente ajenos a ella.
A.R.D.







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