Preservar la culturadel trabajo

Los devotos de San Cayetano recurren a él implorando o agradeciendo dos atributos en particular: pan y trabajo.

En todos los tiempos ha sido así y estos dos atributos han estado en la base del nivel de vida de cualquier pueblo.

Pan y trabajo, aquel está estrechamente vinculado a éste, porque teniendo un trabajo digno la gente tiene pan.

En nuestro país, por nuestros días se afirma que el nivel de desocupación se halla en uno de sus límites más bajos. Es más, se dice que en algunos oficios concretos se nota la falta de mano de obra especializada, como albañilería, carpintería de obra, herrería de obra y similares.

En ese sentido desde estas columnas hemos insistido en la necesidad de mantener una buena política de Estado en materia de enseñanza de oficios, posiblemente a través de la Universidad del Trabajo, institución que tradicionalmente aportó la mayor cantidad de este tipo de trabajadores en el país.

Pero en nuestros días, ya no se trata tanto de la falta de trabajo, sino que al mismo tiempo se da una falta de mano de obra calificada.

El fenómeno no es exclusivo de nuestro país, porque es sabido que muchos de los uruguayos que se han ido al exterior precisamente han ido a hacer tareas que la gente del primer mundo desechaba.

Hoy esta realidad está llegando al Uruguay, no porque hayamos llegado a las condiciones del primer mundo como podría interpretarse, sino sencillamente porque también aquí hemos perdido paulatina y gradualmente el espíritu de sacrificio y la voluntad de invertir años de preparación para adquirir los conocimientos necesarios en un oficio o un trabajo similar.

Hay aspectos buenos y malos en el origen de esta situación. Es bueno que haya mayor acceso de hijos de trabajadores a la educación media y alta, aunque no hayamos llegado quizás al sitio que podríamos alcanzar.

Es bueno que hayan surgido otras posibilidades de trabajo, con menos sacrificio físico, con menos exigencias horarias y demás, que se desempeñan a través de Internet, el famoso “tele trabajo”.

Lo malo es que todo el mundo apunte a este tipo de trabajo, no como una opción valedera, sino sencillamente porque se opta por no tener horarios, por no sacrificarse, por acceder a un buen trabajo “ya”, sin invertir tiempo, sacrificio, perseverancia, como hicieron nuestros mayores.

También es malo, que no todos nuestros jóvenes acceden a este tipo de tareas y quienes no llegan son fáciles presas de las opciones que les ofrecen otros caminos para hacer “dinero fácil”, obviamente por caminos reñidos con la ley.

Recientes encuestas dan cuenta que un alto porcentaje de adolescentes ya no estudia ni trabaja y sólo un 15 % estaría cursando toda secundaria sin repetir un solo año.

Es preocupante, porque en alguna medida indica que también corremos el riesgo de perder la cultura del trabajo, en aras del ocio y la holgazanería.