Primera prueba

Dentro de diez días asumirá el nuevo parlamento uruguayo, en el marco de una gran expectativa. Por diferentes motivos en esta ocasión la mayoría que se requiere para aprobar determinadas leyes y acciones en general, estará dada por una mayoría autodenominada “multicolor”. El primer desafío que tendrá el nuevo parlamento que ha proclamado como una de sus principales banderas el bajar el costo del Estado, es la designación de secretarios.

Esto constituye uno de los vicios más antiguos y el “secreto mejor guardado” por los propios legisladores. Para tener idea de lo que decimos basta señalar que cada legislador tiene “derecho” a tener varios secretarios.
Para tener idea de lo que decimos, un senador uruguayo (son treinta) puede tener hasta ¡treinta asesores!
Para tener idea exacta del tema bastaría con ingresar a la página del parlamento, donde encontraremos secretarios, sub secretarios, coordinadores, sub coordinadores y demás.
Cuando se maneja la posibilidad de reducir los gastos del parlamento uruguayo, es probable que no se sepa a cuento asciende este gasto.
Pero lo más importante – para nosotros al menos- es el criterio con que se eligen los secretarios que en alguna medida cumplen el rol de asesores. Hasta el momento lo que hemos visto es que se pague la militancia o la armonía de ideas, con un cargo de secretario.
Esto es lo más criticable, porque si bien no dejamos de reconocer que un secretario debe ser una persona de total confianza del legislador, se suele perder de vista la capacitación, la idoneidad que debiera tener para ejercer la función que se le encomendará.
Nos gustaría saber cuántos secretarios hay en el parlamento, dado que nos ha resultado definitivamente intrincado conocer su número y remuneración, a pesar de que se supone que ítem “transparencia” de que dispone dicha página debiera informarlo con sencillez y muy claramente, cosa que al menos para nosotros no ha sido así.
Estamos seguros que la designación de los secretarios será la primera muestra de cómo se manejará el nuevo parlamento.
Por el bien de todos esperemos que sea con transparencia, con honestidad y justicia social, porque en caso contrario sólo asistiríamos a más de lo mismo.
La denominada ley de urgencia requiere de un tratamiento especial y seguramente un parlamento prestigioso podría convencer y sacar adelante muchos temas polémicos. En cambio si se trata de un parlamente que va desprestigiándose, poco o nada podrá aportar para convencer de sus intenciones.

A.R.D