Primero las personas

A fuerza de ser honestos, debo decir que soy un profundo amante de los animales. Porque entiendo que con ellos compartimos el planeta y tanto ellos dependen de lo que hagamos nosotros, más que dependemos nosotros de lo que ellos hagan, que no es mucho por otra parte, porque es el hombre quien impone las reglas y no siempre éstas son justas.

Decimos esto para que se entienda cuanto amamos a los animales, en tanto tenemos muy claro que somos parte de este reino. Pero una cosa es incuestionable para nosotros y es que la prioridad absoluta debe darse a los niños y a aquellos hombres y mujeres que hoy sufren hambre, malas condiciones de vida, marginación y pobreza, mientras otros acrecientan sus riquezas materiales.
No nos sirve la “justificación” de que hay gene que nació pobre y va a morir pobre, porque no tendrá acceso a los bienes existentes. Menos nos sirven los ejemplos de los golpes de suerte, en que un hombre o una mujer se hacer rico monetariamente de la noche a la mañana y es ampliamente difundido, porque lo que no se dice es cuantos millones de personas apostaron y no ganaron nada…
Un informe reciente afirma que mil “super millonarios” en el mundo tienen tanto bienes económicos, como el resto de la humanidad. Vale decir que han acumulado tanta riqueza material que no les alcanzará la vida seguramente para gastarla.
El mismo informe establece que estas personas eluden mediante diversas artimañas por lo menos el 30 por ciento de sus obligaciones fiscales (ínfimas de acuerdo al capital que poseen).
Nos alegra que los seres humanos vayamos tomando conciencia que somos parte del reino animal y como tal debemos velar por ellos. Pero esto no debe hacernos perder de vista que la mayor prioridad como seres humanos que somos debe ser velar por nuestros congéneres, hombres, mujeres, niños y ancianos y luego por la naturaleza toda.
Lo que no puede admitirse es que el costo de este aporte a mejorar las condiciones de los animales, sea hecho en detrimento de los seres humanos.
Para entendernos, primero deberíamos de ocuparnos de los seres humanos, que no haya hambre en el mundo y para ello no debe haber guerras, no debe haber explotados, no debe haber gente arriesgando su vida en el mar en pequeñas y endebles embarcaciones, ofrecidas por traficantes con la esperanza de ser libres y obtener mejores condiciones de vida, cosa que sólo una ínfima parte de ellos logrará, como aquellos que logran beneficiarse de un golpe de suerte, mientras millones de sus coterráneos mueren en el intento de escapar a la pobreza.
Así de claro: primero los niños y las personas en general.

A.R.D.