Que el costo no lo paguemos los salteños

De acuerdo a las declaraciones formuladas por el Intendente Departamental ayer, en EL PUEBLO, existe una verdadera “descoordinación”, por usar un término benévolo, entre el gobierno nacional y el departamental en materia de obras.
Pero obviamente que es esta una visión parcial, lógica y razonable si tenemos en cuenta que se trata de un líder político, que como tal tiene sus intereses, lógicos y totalmente legítimos, pero este aspecto le lleva a perder objetividad y mostrarnos obviamente la película de acuerdo a su visión.
Tenemos que entender que tanto el gobierno nacional como el departamental tienen intereses políticos concretos en el asunto.
Germán Coutinho obviamente que tratará de sacar su rédito de toda obra que se haga en el departamento, tal como lo haría cualquier otro Intendente, sea del pelo que sea. El gobierno nacional, siendo de otro partido político, es también lógico y razonable que trate de evitar todo aquello que promocione al Intendente de otro Partido y a lo sumo lo traten de la misma forma que a los que responden a su mismo partido.
¿Está mal? No. Lo que está mal es negar cuál es la situación y tratar de echar la culpa siempre al otro bando.
En el fragor de esta “lucha”, entre dos intereses contradictorios, el mayor riesgo es el que la población de Salto de alguna manera sea tomada de rehén y postergada.
Estas visiones enceguecen, obnubilan y se pierde de vista -aunque se diga lo contrario – que lo mejor sería que se hicieran todas las obras que fueran para mejorar la calidad de vida de los salteños, sean de quienes sean y como suelen señalar tanto unos como otros,  “no importa quién corte la cinta”, aunque los hechos y la realidad indican luego todo lo contrario. Ambos intereses se cuidan fundamentalmente de no arrimar agua para el molino ajeno.
Existen numerosos ejemplos de obras que no se hacen por este motivo, como también de leyes que no se aplican, porque son leyes nacionales y el gobierno departamental tiene otro concepto…
Esto es “la cosa chica”. Sin desconocer que en política es muy importante dejar claramente establecida cada acción que se hace, entendemos que lo mejor que puede hacerse es precisamente apuntar a lo más grande aún a riesgo de que los laureles se los lleve otro, pero la población no es tonta y en momentos de analizar la cosa, seguramente sabrá hacerlo objetivamente, porque la verdad siempre resplandece.

De acuerdo a las declaraciones formuladas por el Intendente Departamental ayer, en EL PUEBLO, existe una verdadera “descoordinación”, por usar un término benévolo, entre el gobierno nacional y el departamental en materia de obras.

Pero obviamente que es esta una visión parcial, lógica y razonable si tenemos en cuenta que se trata de un líder político, que como tal tiene sus intereses, lógicos y totalmente legítimos, pero este aspecto le lleva a perder objetividad y mostrarnos obviamente la película de acuerdo a su visión.

Tenemos que entender que tanto el gobierno nacional como el departamental tienen intereses políticos concretos en el asunto.

Germán Coutinho obviamente que tratará de sacar su rédito de toda obra que se haga en el departamento, tal como lo haría cualquier otro Intendente, sea del pelo que sea. El gobierno nacional, siendo de otro partido político, es también lógico y razonable que trate de evitar todo aquello que promocione al Intendente de otro Partido y a lo sumo lo traten de la misma forma que a los que responden a su mismo partido.

¿Está mal? No. Lo que está mal es negar cuál es la situación y tratar de echar la culpa siempre al otro bando.

En el fragor de esta “lucha”, entre dos intereses contradictorios, el mayor riesgo es el que la población de Salto de alguna manera sea tomada de rehén y postergada.

Estas visiones enceguecen, obnubilan y se pierde de vista -aunque se diga lo contrario – que lo mejor sería que se hicieran todas las obras que fueran para mejorar la calidad de vida de los salteños, sean de quienes sean y como suelen señalar tanto unos como otros,  “no importa quién corte la cinta”, aunque los hechos y la realidad indican luego todo lo contrario. Ambos intereses se cuidan fundamentalmente de no arrimar agua para el molino ajeno.

Existen numerosos ejemplos de obras que no se hacen por este motivo, como también de leyes que no se aplican, porque son leyes nacionales y el gobierno departamental tiene otro concepto…

Esto es “la cosa chica”. Sin desconocer que en política es muy importante dejar claramente establecida cada acción que se hace, entendemos que lo mejor que puede hacerse es precisamente apuntar a lo más grande aún a riesgo de que los laureles se los lleve otro, pero la población no es tonta y en momentos de analizar la cosa, seguramente sabrá hacerlo objetivamente, porque la verdad siempre resplandece.







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