Que el manejo no sea un ocultamiento

En los próximos días y tras varios años de actuación, la Corte Internacional de La Haya se pronunciará sobre el fondo de la cuestión referida a la instalación de la planta procesadora de celulosa, ex Botnia en el Uruguay.
Este inminencia llevó a la reunión – no sabemos convocada por quien – pero seguramente acordada de antemano, entre José Mujica y Cristina Fernández, recientemente en la Argentina.
Antes que nada nos apresuramos a adelantar que no conocemos cuales son los aspectos de la información sobre el fallo de la Corte de la Haya, que  los presidentes de Uruguay y Argentina, han decidido de antemano que sean los cancilleres quienes manejen.
Pero de una cosa estamos seguros, se trata de una papa hirviendo que requerirá de mucha sapiencia para deglutirla sin que alguien se queme.
Desde estas columnas siempre hemos sostenido que nuestro mayor deseo, es que en esto no haya perdedores, ni ganadores. En definitiva creemos que hemos perdido todos, pero las mayores pérdidas las ha tenido el pueblo uruguayo, no por la presencia de la planta industrial, que hasta el día de hoy nadie ha podido demostrar que sea causante de contaminación alguna, sino por el bloqueo del puente y el avasallamiento de sus derechos.
Esta es nuestra posición y no significa desconocer, ni dejar de sostener donde quiera que sea, que Uruguay siempre ha tenido razón en este conflicto y no ha hecho más que defender sus derechos.
No olvidamos, los agravios y las provocaciones que se registraron hacia el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez y hacia el pueblo mismo, con la invasión de aguas muy cercanas a nuestras costas, realizadas por algunos pseudos “ambientalistas” de Gualeguaychú.
De allí nuestro temor, a que el acuerdo del “manejo” exclusivo del fallo de La Haya, por los cancilleres se transforme en un ocultamiento de los pormenores de dicho fallo hacia los pueblos.
Por respeto a los propios pueblos, pero además a quienes como el presidente uruguayo se jugó en la defensa de la soberanía, en una posición que unió indisolublemente a todo el pueblo uruguayo, merece que los pueblos conozcan debidamente el fallo.
Las ofensas públicas de que fuera objeto Vázquez, no sólo por  los ambientalistas, deben ser lavadas y la única forma de hacerlo, es difundiendo la verdad de la cuestión y que nadie tome esto como un nacionalismo exacerba do, porque en realidad no es más que justicia.
Si seguimos manteniendo nuestra convicción de que lo mejor es que no haya ni vencidos, ni vencedores, no es porque desconozcamos estos pormenores, sino porque entendemos que la única salida que existe en esto es mirando juntos hacia el futuro y no deteniéndonos en el pasado y dejando puertas a nuevas manifestaciones de prepotencia.
¡Que conste!.

Alberto Rodríguez Díaz.







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