Que el remedio no sea peor que la enfermedad

Se inicia hoy una de las semanas quizás más trascendentes para el Uruguay actual y el del futuro. No pretendemos exagerar la importancia del movimiento de “indignados” que se ha gestado en los últimos días, ni exagerar tampoco la cantidad de gente que se habrá de reunir el martes próximo en Durazno.
Pero lo que vemos más preocupante, es el riesgo de repetir en nuestro país lo que ha sucedido en otros países latinoamericanos, e incluso en España, donde en principio el grupo “Podemos” tuvo una enorme respuesta positiva, ha alcanzado tal dimensión que amenazó con dejar en segundo o tercer plano a alguno de los partidos más tradicionales de España en cuanto a representación parlamentaria, pero luego poco a poco ha ido perdiendo trascendencia y las cosas vuelven a su rutina habitual.
Lo que vemos como preocupante es precisamente la posibilidad de que se plantee en el Uruguay lo mismo que ha pasado, por ejemplo en Perú, donde el descontento de mucha gente fue aprovechado por el fujimorismo para llegar al poder con un amplio margen de apoyo popular, pero una vez en este, se caracterizó por ser uno de los gobiernos más corruptos y sanguinarios que ha tenido la nación incaica, aunque aún tiene importante número de seguidores.
Tal es así que el octogenario Alberto Fujimori permaneció en prisión hasta pocos días atrás, cuando mediante un acuerdo político – hasta hoy muy cuestionado – el actual presidente le concedió el indulto para que abandonara la prisión. Por el bien de todos y sobre todo por el bien del país, convendría que los “indignados” bajaran un cambio, expusieran lo que entienden sus razones y se avinieran a la búsqueda de soluciones, cosa bastante difícil por supuesto.
Por su parte el gobierno nacional también debería bajar un cambio, admitir que hay sectores de la producción “asfixiados” por los costos de los servicios que necesitan para producir.
Esto es lo menos que se puede pretender. De esto sólo se sale mediante posiciones humildes, sin soberbia de ninguna especie, asumiendo que lo mejor para hallar una salida es el diálogo, abierto y sincero y no las posiciones radicales, obstinadas y testarudas que sólo pueden llevarnos a callejones sin salida, donde las soluciones halladas pueden ser más nefastas que la situación actual.
A.R.D.







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