Que la pasión no nos lleve a perder la razón

En estas columnas hemos hecho reiteradas convocatorias a la cordura, a la sensatez de lo que vemos como el riesgo de que la pasión nos nuble la razón y nos haga perder la sensatez.
Los tiempos electorales agudizan las pasiones de la gente e incluso hacen aflorar los intereses que en otros momentos se mantienen ocultos o se disimulan tras otros intereses circunstanciales.
En este contexto, hemos visto hechos en los que es  necesario anotar lo positivo y lo rescatable, pero al mismo tiempo lo cuestionable que encierran.
Para muestra basta un botón y la presencia de un joven en el interior del recinto del directorio del Partido Nacional, cuando fuera recibido Bordaberry y los principales dirigentes de su sector, portando un cartel contrario a la decisión que se estaba anunciando y con críticas específicas, es a nuestro criterio por lo menos una provocación.
Y conste que somos acérrimos defensores de la expresión de las ideas y no tranzamos en este sentido, cada ciudadano tiene derecho de expresar lo que piensa, pero no provocando específicamente a quienes piensan distinto.
No quitamos incluso la valentía de este joven por expresar su posición y su opinión concreta en referencia al tema, pero creemos que no debió hacerlo allí, donde sabía que era lo que unía a todos los participantes en la instancia y de todas formas optó por desafiarlos.
Otro cantar sería si lo hubiera hecho afuera del recinto, en la calle o en otro ámbito público, pero hacerlo precisamente en el interior de la casa de quienes piensan distinto es alentar reacciones, es “mojarle la oreja” a quienes se reúnen para expresar sus ideas diferentes a las del manifestante.
Consideramos que en la ocasión debe destacarse la muestra de tolerancia que manifestaron quienes en alguna medida podían haberse considerado agredidos provocados.
Es lo que hay que saber manejar. El hecho de que pensemos distinto y que tengamos todo el derecho del mundo a expresar nuestras ideas no quiere decir que lo debamos hacer en cualquier ocasión y en cualquier ámbito.
Y que no se nos malinterprete. Sabemos que muchas veces es necesario precipitar acontecimientos, buscar crisis o situaciones límites para desnudar lo que se disimula o se pretende disimular, pero esto no justifica cualquier tipo de manifestación y en cualquier lugar. No compartimos las posiciones “tibias” o las indefiniciones, pero tampoco compartiremos nunca los radicalismos, la intolerancia y los intentos incluso de presionar a cualquier precio.
Esto es parte del respeto que nos debemos como ciudadanos.

En estas columnas hemos hecho reiteradas convocatorias a la cordura, a la sensatez de lo que vemos como el riesgo de que la pasión nos nuble la razón y nos haga perder la sensatez.

Los tiempos electorales agudizan las pasiones de la gente e incluso hacen aflorar los intereses que en otros momentos se mantienen ocultos o se disimulan tras otros intereses circunstanciales.

En este contexto, hemos visto hechos en los que es  necesario anotar lo positivo y lo rescatable, pero al mismo tiempo lo cuestionable que encierran.

Para muestra basta un botón y la presencia de un joven en el interior del recinto del directorio del Partido Nacional, cuando fuera recibido Bordaberry y los principales dirigentes de su sector, portando un cartel contrario a la decisión que se estaba anunciando y con críticas específicas, es a nuestro criterio por lo menos una provocación.

Y conste que somos acérrimos defensores de la expresión de las ideas y no tranzamos en este sentido, cada ciudadano tiene derecho de expresar lo que piensa, pero no provocando específicamente a quienes piensan distinto.

No quitamos incluso la valentía de este joven por expresar su posición y su opinión concreta en referencia al tema, pero creemos que no debió hacerlo allí, donde sabía que era lo que unía a todos los participantes en la instancia y de todas formas optó por desafiarlos.

Otro cantar sería si lo hubiera hecho afuera del recinto, en la calle o en otro ámbito público, pero hacerlo precisamente en el interior de la casa de quienes piensan distinto es alentar reacciones, es “mojarle la oreja” a quienes se reúnen para expresar sus ideas diferentes a las del manifestante.

Consideramos que en la ocasión debe destacarse la muestra de tolerancia que manifestaron quienes en alguna medida podían haberse considerado agredidos provocados.

Es lo que hay que saber manejar. El hecho de que pensemos distinto y que tengamos todo el derecho del mundo a expresar nuestras ideas no quiere decir que lo debamos hacer en cualquier ocasión y en cualquier ámbito.

Y que no se nos malinterprete. Sabemos que muchas veces es necesario precipitar acontecimientos, buscar crisis o situaciones límites para desnudar lo que se disimula o se pretende disimular, pero esto no justifica cualquier tipo de manifestación y en cualquier lugar. No compartimos las posiciones “tibias” o las indefiniciones, pero tampoco compartiremos nunca los radicalismos, la intolerancia y los intentos incluso de presionar a cualquier precio.

Esto es parte del respeto que nos debemos como ciudadanos.