Que la preocupación no nos haga perder de vista la justicia

En los últimos llamados a inscripción de obreros “no calificados” para vacantes temporales o no en empresas públicas, en Salto, se inscribieron alrededor de 800 personas que reunían todas las condiciones exigidas para participar en el sorteo.
Significa que siendo austeros en la cifra en el departamento debe haber por lo menos 4 o 5 mil personas, interesadas en un trabajo público, con los mismos derechos todos. Por lo tanto lo más democrático y justo, es que cuando se produce una vacante de trabajo de estas características, sea sorteada mediante un concurso serio y transparente.
Es cierto que hasta el día de hoy salvo alguna rarísima excepción, en las intendencias departamentales no se ha seguido este procedimiento, sino que se ha optado por la designación directa, que no es otra cosa que hacer politiquería con las necesidades de la gente, darle trabajo a cambio de activismo político partidario.
Algunos lo han hecho en forma solapada y otros abiertamente. Incluso algunos han tenido el “tupé” de decir que preferían poner a “su gente” antes que a alguien que no conocían.
Deste juego machiavélico estamos hartos. Siempre en toda ocasión que alguien pierde su trabajo es lamentable, pero asumamos el tema en toda su dimensión.
Cuando yo ingreso “ a dedo”, estoy haciendo la mía, me importa un rábano los otros miles de conciudadanos que tienen los mismos derechos que yo, que seguramente también tienen familia, hijos y demás, pero quizás también tienen un poquito más de dignidad y prefieren ir a sorteo o concursar limpiamente antes que ponerse una camiseta política para que le den un cargo.
Por eso no sirve para mi argumentar “por mi familia y mis hijos”, porque en su momento no me importó para nada los hijos y las familias de los que quedaban arbitrariamente desplazados.
Lamentablemente es difícil hallar hoy día alguien que defienda una ideología política sin aspirar a ejercer un cargo público.
Para decirlo con todas las letras, me preocupa que en el país haya gente sin trabajo, pero no los que se han prestado a ingresar pisándole la cabeza a todos los que quizás no tienen las mismas ideas políticas y este no es un tema sólo de hoy, ni de este gobierno, ni del anterior solo, porque este es mi concepto de justicia y democracia.
A quien le guste bien y al que no, que me proporcione sus argumentos para debatirlos.

Alberto Rodríguez Díaz