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Que la quietud no signifique dormidera

La difusión del monitoreo ambiental del río Uruguay en forma conjunta por los gobiernos de Argentina y Uruguay en el 2016, fue en su momento una demostración de madurez que indicó que más allá de las declaraciones, de las afirmaciones y contra afirmaciones, existe un verdadero interés en salvaguardar la salud del río Uruguay.
Lo que hay que saber en este sentido es que la parte del río Uruguay que comparten Uruguay y Argentina, no es más de la tercera parte del total del cauce del río. En total el río Uruguay tiene casi 1.600 kilómetros y la parte que comparten los países del Plata no llega a los 600 kilómetros. Si bien es la parte de la desembocadura en el Río de la Plata, más aún, es aquí adonde llegan todos los residuos que son volcados al curso de agua y sus afluentes, no es esta la parte esencial en materia de preservación ambiental, porque sencillamente está recibiendo lo que “cosechó” en su extenso transcurrir.
Cuando Uruguay y Argentina “discuten” por la contaminación que se podría estar generando en este tramo, olvidan qué es lo que pasa en el resto del río, vale decir, en sus otras dos terceras partes, desde sus nacientes en territorio brasileño, hasta el tramo compartido por Argentina y Brasil en el Uruguay medio donde seguramente hay muchos motivos de preocupación.
En estas dos terceras partes, como también en el tramo que comparten Argentina y Uruguay, hay numerosas poblaciones, muchas de las cuales hasta hoy vierten sus efluentes cloacales “en crudo” a las aguas del río Uruguay.
No sólo esto, sino que también van a parar al río los residuos químicos de plantaciones agrícolas y agropecuarias, de uno de los gigantes productores del mundo en esta materia como lo es Brasil y que son arrastrados por las lluvias a ríos y arroyos afluentes del Uruguay.
Los detergentes, hoy presentes en casi todas las cocinas de las poblaciones y demás ambientes que se higienizan constituyen una de las principales causas de contaminación de los cursos de agua y el Uruguay sigue recibiendo un enorme volumen de ellos a lo largo de todo su cauce.
Preservar la salud del río Uruguay debe ser un objetivo prioritario de los países que compartimos su uso para diversos fines, entre ellos el agua potable para las poblaciones ribereñas, el riego, la navegación y hasta la producción de energía en el caso de Salto Grande.
Tras varios años de controversia, donde nunca tuvimos la certeza de que el verdadero interés de las partes contendientes en la polémica que llegó a la Corte de La Haya fuera la salud del río, en la ocasión recordada vimos que las aguas volvían a su cauce y se prioriza lo que debió ser el objetivo esencial siempre: la salud del río. Conscientes que el periodismo debe ser “como el tábano, en el anca del caballo, para despertar a este cuando se adormece y cuando se ha informado de una nueva sanción a una pastera situada en el río Uruguay, conviene recordar la función esencial en este sentido, como es la buena salud del río.
No lo olvidemos.
A.R.D.