Que las últimas horas no traigan nada raro

Entramos en los últimos días de una campaña electoral que a pesar de no ser tan extensa como en otras épocas, ha venido desgastándose y aún cuando no se han registrado incidentes de gravedad, es cierto que han habido algunos roces y encontronazos que no siempre resultan recomendables, cuando se habla de una educación cívica de la que todos los uruguayos nos preciamos.
Sin embargo en estos momentos en que prácticamente todos los partidos políticos están dedicados al cierre de sus campañas, ya sobran las explicaciones, la exposición de ideas y programas.
A menudo se cree que una vueltita más por un barrio, un acto más, puede ser determinante para el resultado de una elección.
Seguramente que la pasión de estas lides llevan a esta convicción, seguramente errada, equivocada y estéril.
La enorme mayoría de los uruguayos ya hemos tomado nuestra decisión y si en las encuestas sigue habiendo un margen importante de indecisos de varios puntos, en algunos casos, creemos que se trata más de personas que prefieren no manifestarse y no de aquellos que todavía no han decidido su voto.
Pero lo más importante de todo esto, es que podamos votar, que el pueblo uruguayo pueda manifestar su voluntad libremente y con todas las garantías que se requieren.
Solo el soberano tiene derecho a elegir el gobierno que entiende le conviene y sólo él también tiene derecho a equivocarse.
En los hechos siempre hemos asistido a la misma película. En los días previos a la elección es factible escuchar que “el pueblo no se equivoca”, pero luego del acto eleccionario y si éste no le ha sido favorable, surge aquello que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen…”, disimulando la amargura de la derrota.
Es en estas ocasiones que nos gustaría ver a todos los partidos unidos, celebrando la democracia, festejando lo bueno del sistema uruguayo y dispuestos a contribuir en beneficio de todos.
Poco se gana trancando un gobierno elegido por el pueblo, porque no sólo se trata de la gestión de gobierno, sino en realidad también se trata del nivel de vida de los uruguayos.
Ojalá esta sea la visión de quienes hoy tienen todo su esfuerzo volcado a tratar de llegar al gobierno nacional, aún a sabiendas que sólo una de las fórmulas será la ganadora.
Ojalá que las últimas horas de esta campaña se desarrolle en paz y en orden, sin que aparezca nada “raro” que pueda enturbiar la elección.
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Entramos en los últimos días de una campaña electoral que a pesar de no ser tan extensa como en otras épocas, ha venido desgastándose y aún cuando no se han registrado incidentes de gravedad, es cierto que han habido algunos roces y encontronazos que no siempre resultan recomendables, cuando se habla de una educación cívica de la que todos los uruguayos nos preciamos.

Sin embargo en estos momentos en que prácticamente todos los partidos políticos están dedicados al cierre de sus campañas, ya sobran las explicaciones, la exposición de ideas y programas.

A menudo se cree que una vueltita más por un barrio, un acto más, puede ser determinante para el resultado de una elección.

Seguramente que la pasión de estas lides llevan a esta convicción, seguramente errada, equivocada y estéril.

La enorme mayoría de los uruguayos ya hemos tomado nuestra decisión y si en las encuestas sigue habiendo un margen importante de indecisos de varios puntos, en algunos casos, creemos que se trata más de personas que prefieren no manifestarse y no de aquellos que todavía no han decidido su voto.

Pero lo más importante de todo esto, es que podamos votar, que el pueblo uruguayo pueda manifestar su voluntad libremente y con todas las garantías que se requieren.

Solo el soberano tiene derecho a elegir el gobierno que entiende le conviene y sólo él también tiene derecho a equivocarse.

En los hechos siempre hemos asistido a la misma película. En los días previos a la elección es factible escuchar que “el pueblo no se equivoca”, pero luego del acto eleccionario y si éste no le ha sido favorable, surge aquello que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen…”, disimulando la amargura de la derrota.

Es en estas ocasiones que nos gustaría ver a todos los partidos unidos, celebrando la democracia, festejando lo bueno del sistema uruguayo y dispuestos a contribuir en beneficio de todos.

Poco se gana trancando un gobierno elegido por el pueblo, porque no sólo se trata de la gestión de gobierno, sino en realidad también se trata del nivel de vida de los uruguayos.

Ojalá esta sea la visión de quienes hoy tienen todo su esfuerzo volcado a tratar de llegar al gobierno nacional, aún a sabiendas que sólo una de las fórmulas será la ganadora.

Ojalá que las últimas horas de esta campaña se desarrolle en paz y en orden, sin que aparezca nada “raro” que pueda enturbiar la elección.