Que lo que comienza como fiesta termine como fiesta

La denominada “Noche de la Nostalgia”,  ha ganado terreno en la preferencia de muchos uruguayos que llevados por la feliz ocurrencia de un  locutor (Pablo Lecueder) han elegido esa noche (del 24 de Agosto víspera de la máxima celebración patriótica), para disfrutar de salidas y de bailes parejas y de grupos de amigos, muchas veces condiscípulos o similares.
Se trata de una costumbre sana,  saludable para la comunidad, pero no exenta de los riesgos de la imprudencia que acecha en estas ocasiones.
En Montevideo las autoridades que tienen que ver con el tránsito han dispuesto, con muy buen criterio, sanciones económicas elevadas para los conductores que sean sorprendidos con un porcentaje de alcohol en la sangre que supere al límite permitido (0,3 miligramos de alcohol por litro de sangre).
Al mismo tiempo se ha dispuesto reforzar la cantidad de efectivos, policías, inspectores de tránsito y otros, dedicados al control del tráfico vehicular en la ocasión.
Si bien el propósito de estas medidas  no debe ser el de recaudación, es imprescindible que los conductores asuman una conducta responsable. Lamentablemente si esta no se adopta voluntariamente y a conciencia, el “dolor” del bolsillo ayudará. La multa por este exceso será de más de 6.000 pesos, según se ha señalado.
La prudencia indica que lo más saludable para todo el mundo en esta noche, es recurrir a un taxímetro o un minibús para el regreso a casa sin mayores riesgos.
Es lo mejor que se puede hacer. Se puede divertir y disfrutar sanamente, incluso beber, con moderación, pero hacerlo. Lo que no se puede hacer es beber y luego conducir un vehículo, cualquiera que éste sea, porque entonces estamos tentando el destino.
Esta noche, seguramente será otra noche espléndida para el reencuentro de amigos, para el reencuentro con la música de años atrás, a veces de varias décadas y seguramente también este motivo es bueno para las reuniones de amigos, pero no se deben olvidar los aspectos esenciales de lo que indica la prudencia, para que el recuerdo de momentos agradables, no se transforme en la pesadilla de una tragedia.
Que lo que comienza como fiesta termine como fiesta, eso es lo que más deseamos.